UGT celebra los resultados en las elecciones húngaras y el batacazo electoral de la extrema derecha
El sindicato valora positivamente que, a pesar de los numerosos apoyos que Victor Orbán ha recibido por parte de Putin, Trump u otros líderes de la extrema derecha europea como Abascal o Le Pen, Péter Magyar haya triunfado en las elecciones húngaras
Fecha: 13 Abr 2026
El partido Tisza se alzó con una amplia mayoría parlamentaria en las elecciones celebradas ayer domingo en Hungría, triplicando casi en número de escaños a los obtenidos por el Fidesz, el ultraconservador partido del hasta ahora primer ministro húngaro. Se podrá así poner fin a tres lustros de gobierno que se ha caracterizado por poner en marcha muchas de las políticas más regresivas de la Unión Europea.
La clara derrota del modelo ultranacionalista y euroescéptico representado por Orbán lo es también la de sus aliados (y beneficiarios) como Vox, que ansían un modelo en el que la acción de gobierno no es sino una garlopa que elimina sucesivamente derechos (de mujeres, de migrantes, de trabajadores, sexuales o afectivos, etc.) y avanzar en la construcción de un Estado autoritario en el que la riqueza nacional se concentra en manos de los cuatro oligarcas amigos. Cabe recordar que parte del éxito de Magyar se debe a la constante denuncia de la corrupción sistémica del gobierno de Orbán, del que formó parte.
La llegada de Péter Magyar al poder, apoyado en una campaña que llamaba a la restauración del Estado de derecho y a la normalización institucional con la Unión Europea, abre la esperanza a la restauración de derechos en el país, con reformas muy probablemente orientadas a la recuperación de estándares democráticos a retomar las relaciones con la UE. Magyar tiene ahora la posibilidad de revertir el desmantelamiento del Estado de derecho que se ha prolongado demasiado tiempo. Trump y Putin, socios de Orbán, pierden un aliado fiel dentro de la UE que ejercía de manera sistemática el bloqueo en decisiones que requieren unanimidad como las sanciones a Rusia o la ayuda a Ucrania; a partir de ahora es previsible una relación más cooperativa con Bruselas, lo que facilitará aprobar paquetes de apoyo económico y militar a Ucrania y dará mayor agilidad a la política exterior común, etc.
Es muy de celebrar la caída de Orbán, que en su papel de primer ministro ha hecho gala de alguna de las políticas más racistas, homófobas, descerebradas y ultras del continente europeo y que en una oscura red de corrupción e institucionalidad ha financiado o facilitado la financiación de partidos ultra en Europa, como Vox. Pero esta alegría no debe opacar la incertidumbre que existe sobre la situación de las y los trabajadores del país y a los perentorios cambios que habrán de realizarse en la legislación laboral, de los que poco o nada habló Magyar en su campaña. Debemos recordar que el partido de Magyar, Tisza, se encuentra ideológicamente postulado en la derecha conservadora y es miembro del Partido Popular Europeo.
El deber de reinstaurar plenamente el derecho a huelga, aumentar la bajísima cobertura por convenio en el país, aumentar los salarios, reequilibrar las relaciones laborales y recuperar el papel de los sindicatos como actores centrales en la vida económica y social son elementos sin los que el necesario cambio político húngaro corre el riesgo de quedarse en un mero maquillaje institucional sin impacto profundo en las condiciones de vida en el país. La UE, que tendrá un papel de apoyo crucial en esta nueva etapa, deberá estar vigilante y promover que la convergencia institucional y democrática de Hungría con el resto del continente incluya también el ámbito laboral. Sin esta parte, como decimos, solo se habrá llevado a cabo una transferencia de poder que deja al conjunto de la sociedad al margen.
