Sharan Burrow y Luca Visentini sobre la situación de los refugiados

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​En todas partes del mundo, los gobiernos intentan evitar su responsabilidad de acoger a los refugiados. Los sindicatos en cambio dicen a los refugiados que son bienvenidos.

El mundo se enfrenta a la crisis de refugiados más grave  desde la Segunda Guerra Mundial, pero los gobiernos más ricos han olvidado su Historia. Más de 60 millones de personas huyen de la guerra, el terror y la pobreza más extrema.

Mientras el 80 % de las personas desplazadas permanecen en los países en desarrollo, Europa y los demás países del G20 no escatiman esfuerzos para reducir al mínimo el número de refugiados que llegan a sus países. Exceptuando Alemania y Suecia, asistimos a la construcción de muros y la puesta en marcha de operaciones militares en las fronteras para impedir a seres humanos desesperados la posibilidad de poder vivir en un lugar seguro. En Estados-Unidos, Canadá y Australia los gobiernos han propuesto acoger a un número mínimo de refugiados sirios mientras se instala una insensibilidad cada vez mayor acomodándonos a una lógica de que todos los demás retornen.

Es necesario reforzar la asistencia a países como Grecia, Italia, Jordania, Líbano y Turquía; la generosidad de los ciudadanos que abren sus puertas y sus comunidades para acoger refugiados cubre, por cierto, los gobiernos de la vergüenza. Pero pagar a Turquía para que impida a los refugiados venir a Europa no es una solución aceptable y no lo será nunca. Se trata de una violación de los derechos humanos fundamentales.

Las personas no son mercancías intercambiables.

No puede haber integración sin reasentamiento. Instamos a los gobiernos europeos a retomar el diálogo sobre la integración y el reasentamiento en vez de gastar energías cerrando sus puertas. La responsabilidad hacia los refugiados no es negociable.

El acuerdo europeo llevado a cabo con Turquía no es más que un intento hipócrita de sustraerse de las obligaciones internacionales. De la misma manera, este acuerdo rechaza reconocer la Historia del siglo pasado, cuando los refugiados europeos eran acogidos entre los trabajadores de muchas naciones, lo que permitió, gracias al pacto social, desarrollar el empleo y hacer que las economías prosperasen.

Muchos países, incluso en Europa, necesitan trabajadores para hacer frente al envejecimiento de la población. Las competencias y los ingresos que los refugiados pueden aportar en los países de acogida y las inversiones realizadas para apoyarlos estimularían el crecimiento económico y la creación de empleos, beneficiando a los refugiados como ciudadanos locales. Pero esto necesita inversiones. Ya es hora que los dirigentes presten más atención a las condiciones económicas; los empresarios y los sindicatos están de acuerdo para decir que los migrantes y refugiados son parte de la solución.

Pero en el centro de esta crisis están las personas. La CSI y la CES están indignadas frente a la falta de unidad y de humanidad de las políticas llevadas a cabo por los gobiernos.

Por el contrario, es alentador constatar que, en casi todos los países, la solidaridad de los ciudadanos es más importante que la de sus gobiernos. En una encuesta de la organización Tent Foundation [1] realizada en diez países, un 73% de las personas encuestadas reconocen que tienen la responsabilidad de aceptar refugiados.

La CSI ha dirigido una solicitud a Naciones Unidas, al G7 y al G20 para apoyar el derecho a vivir y a trabajar en un lugar seguro para todos los migrantes. En esta perspectiva, es indispensable diseñar una estrategia mundial de reasentamiento que se apoye sobre la cooperación y prever los fondos mundiales necesarios para la protección social, así como para las infraestructuras adaptadas que respondan a las necesidades de los refugiados en los países de acogida.

El reparto de los refugiados es esencial para que no se creen zonas sin derechos en un breve plazo de tiempo.

Brilla por su ausencia la solidaridad que otorga la imprescindible importancia hacia la vida humana a la vez que el aumento de la xenofobia en el mundo político es muy preocupante. Mantener el miedo hacia los que llegan porque representarían una amenaza para el empleo local es una falta de clarividencia; por el contrario, hay que garantizar la igualdad de trato en el lugar de trabajo y establecer un programa serio para mejorar las infraestructuras, desarrollar el empleo y crear crecimiento económico para proponer un mejor futuro y oportunidades para todos.

Mientras los gobiernos, en todas partes del mundo, intentan evitar la responsabilidad de acoger refugiados, los sindicatos dicen a los refugiados que son bienvenidos.

Cada país democrático puede mejorar su ofrecimiento de un lugar seguro para con las personas que corren peligro pero para esto también es necesaria la acción de nuestros dirigentes en pro de acabar con los conflictos y los desplazamientos de poblaciones. Cuando declaramos que los refugiados son bienvenidos somos conscientes que la mayoría de ellos quieren paz y seguridad en su propio país. Se necesita un esfuerzo mundial de manera urgente para parar los bombardeos y asegurar le democracia en Siria y en los países vecinos, esto es necesario desde hace ya mucho tiempo.

Sara Burrow ( Secretaria General de la CSI) / Luca Visentini (Secretario General de la CES)

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[1] Encuesta mundial de Tent Foundation realizada en noviembre de 2015 entre población adulta de Alemania, Australia, Canadá, Estados-Unidos, Grecia, Hungría, Reino-Unido, Serbia, Suecia y Turquía.