Salvar a España

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Tribuna de opinión de Cristina Antoñanzas, Vicesecretaria General de UGT, en "El Siglo de Europa"


Lo confieso. Últimamente tengo la lengua hecha polvo de tanto mordérmela. Me vienen a los labios palabras gruesas, y siento que me brota de no sé dónde una indignación apabullante cuando oigo los argumentos de quienes consideran que la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) a 900 euros, acordada por el Gobierno y Unidos Podemos, hundirá este país y será el origen de terribles males.

Y pienso en personas que conozco. Como unos padres jóvenes con tres hijos; él trabajador de la construcción (casi siempre en negro, claro) y ella empleada de supermercado despedida en su primer embarazo. Pagar el material escolar del principio de curso es un megaesfuerzo que se convierte en dolor si hay que añadir los medicamentos de los primeros catarros, las colitis…

Pienso en esos trabajadores de la hostelería que vienen desde las localidades y provincias limítrofes de Madrid a trabajar con contratos (o no) por horas, con jornadas de 12 o 14 horas, pagadas a 10 euros la hora, que tienen que juntarse para venir en coche, que aparcan en zonas no reguladas del centro (para no sumar costes) y hacen cuentas (bicicletas públicas, patinetes, motos, taxi) para desplazarse barato al terminar de madrugada.

Pienso en esas grandes empresas de restauración que tienen personal (cocineros, auxiliares de cocina, etc…) contratados a tiempo parcial (4 días en semana y el tiempo extra que sea necesario) por 700 euros al mes. ¿Cómo se vive en una gran ciudad con 700 euros al mes si eso es lo que cuesta el alquiler medio?

Hay grupos de whassap en los que chicos y chicas jóvenes se cuentan oportunidades de empleo. Hace poco me contaban que una de estas trabajadoras jóvenes, trabajando en un evento, un domingo, 4 horas a 8 euros la hora (4 euros menos que los trabajadores senior) estaba al borde de la deshidratación porque no quería beber “para no tener que ir al servicio” y quedar mal.

Esto es solo una muestra de la realidad que vivimos. Una realidad que, al parecer, según una parte de la clase política española que –en teoría– les representa debe continuar así para no hundir al país. Y me muerdo la lengua, y entiendo que estas personas no esperen nada de la clase política, que les indignen tantas palabras que no dicen nada, tantas y tantas horas debatiendo sobre temas absurdos que sólo les importan a ellos.

Durante la crisis nos dijeron que había que recortar los sueldos, para salvar a España. Había que congelar las pensiones, para salvar a España. Había que hacer una reforma laboral que hacía el despido, fácil, rápido, y casi gratis para salvar España. Había que endeudarse colectivamente con la UE para pagar los desmanes gestores de nuestros bancos, para salvar a España. Eliminamos becas para salvar a España. Y servicios públicos, y recortamos las prestaciones por desempleo... España lleva casi 5 años creciendo, las empresas con beneficios, los ejecutivos con incrementos salariales de dos cifras, el número de millonarios en plena expansión… Pero la reforma laboral que se hizo en plena crisis sigue intacta y subir el SMI es una locura.

No entiendo cuál es el proyecto de país para el que trabajan algunos partidos. ¿Qué es un país sino su gente? Algunos cinismos políticos empiezan a ser intolerables. Subir el SMI es justo, es urgente, y también es necesario para salvar a España.


► Artículo en "El Siglo de Europa"