Muertes anónimas

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 Artículo de opinión de Cristina Antoñanzas, Vicesecretaria General de UGT, en "El Siglo de Europa"


 

No tengo un criterio muy definido para elegir lecturas, y a veces eso me lleva a sorpresas muy interesantes. Hace pocos días me topé con el concepto de “heurística de la disponibilidad” en un texto del Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman. “La importancia de una idea es a menudo juzgada por la fluidez (y la carga emocional) con que acude a la mente”. Nuestro cerebro da más o menos importancia a las cosas en función de la facilidad, la disponibilidad de recuerdos sobre esas cosas.

Antes de que empiecen a pensar que me he metido en un jardín, les diré que siempre me he preguntado cómo es posible que habiendo dos muertos cada día en accidentes de trabajo casi nadie lo sepa. Y no lo sabe casi nadie porque no sale en las noticias. Lo he comprobado. Tomé una semana cualquiera, y encontré notas breves en periódicos (ni radios ni teles) locales: carnicero acuchillado (no estaba claro si era accidente laboral u otra cosa), tres funcionarios de prisiones heridos por ataques de un recluso, un juicio por accidente mortal en el que el empresario niega toda responsabilidad, un trabajador que muere al caer en una depuradora, un jardinero que muere podando árboles, dos obreros de la construcción graves tras caer de un segundo piso, dos pescadores que no han vuelto, y otro juicio en el que el técnico de prevención se declara responsable de un accidente en el que perdió la pierna un trabajador.

Ninguno de esos grandes informativos que dedican una parte sustancial de su tiempo a poner vídeos de curiosidades insustanciales le dedicó algo de interés a ninguno de esos auténticos dramas de ir a trabajar y no volver a casa, o acabar en el hospital.

He mirado los barómetros del CIS, ésos que preguntan por las preocupaciones de la gente. A la gente no le preocupa la siniestralidad laboral y, si seguimos a Kahneman, sabremos que es porque no la conocen; a nuestras mentes no vienen hechos que nos hagan pensar en que es un problema. No existe. No existe hasta tal punto que ni tan siquiera merece unas líneas en los programas electorales de los grandes partidos políticos que concurren a las elecciones, y cualquier organización que aspire a participar en el gobierno de este país debería saber, aunque no salga en las noticias, que la siniestralidad laboral es un asunto grave.

Puede que alguien piense, bueno, esas cosas pasan; y sí, la fatalidad existe, pero no todo es fatalidad. Igual que cuando un niño se pierde o se accidenta, puede haber fatalidad o responsabilidad, pero los medios han dedicado una espectacular cantidad de tiempo a entretener a la audiencia –porque no era informar– con estos temas.

Dos muertos al día, dicen las estadísticas. Muertes pasadas, presentes y futuras –si no ponemos remedio cuanto antes– que los medios de comunicación podrían ayudar a evitar, informando de estos casos, investigando en las causas, denunciando las condiciones de trabajo que llevan a muchas personas a perder la vida. El 28 de abril, coincidiendo con las elecciones generales, se celebra el Día Mundial por la Seguridad y Salud en el Trabajo. Sería muy difícil de soportar que, en el día del beso, o del abrazo, o del pantalón corto (hay días para todo) se dediquen reportajes a estas cosas y el 28 de abril no se hable de siniestralidad laboral, aunque sea un poco.


 Artículo en "El Siglo de Europa"