Humo morado

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Artículo de opinión de Cristina Antoñanzas, Vicesecretaria General de UGT, en "El Siglo de Europa"


► Todos sabíamos que la austeridad era irreflexiva, en Grecia y en el resto de los países del sur de la UE en los que se aplicó. Lo que no dice Juncker es que se insultó a conciencia, se humilló a Grecia para desacreditar a todos aquellos que decíamos que había otra forma de hacer las cosas

El humo es un buenísimo método de ocultación: mientras la gente se frota los ojos y trata de orientarse, cualquiera puede dedicarse impunemente a trastear con tus cosas, sin que te des cuenta de nada hasta que el humo se despeja; luego ya… si eso, te dirán que sí, que lo hicieron, se pasaron, y lo sienten mucho.

"Insultamos a Grecia”. “Se aplicó una austeridad irreflexiva”. Aunque no lo parezca, son palabras del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que ha debido pensar que, en año de elecciones europeas, un gesto de este tipo puede resultarle beneficioso. Perdonen si resulto cínica, pero hay comportamientos políticos que insultan la inteligencia. Todos sabíamos que la austeridad era irreflexiva, en Grecia y en el resto de los países del sur de la UE en los que se aplicó. Lo que no dice Juncker es que se insultó a conciencia, se humilló a Grecia para desacreditar a todos aquellos que decíamos que había otra forma de hacer las cosas.

Hay más citas interesantes. Como ésta: “Ha habido comportamientos claramente fraudulentos” en el sistema bancario. Lo dijo ante la Junta de Accionistas del BBVA, en 2013, el que era su presidente, Francisco González, protagonista hoy por sus presuntas actuaciones, no fraudulentas, sino directamente delictivas, cuando estaba al frente de la entidad. En el momento en que hizo esa afirmación hacía un año que se había aprobado la reforma laboral que laminó buena parte de los derechos de los trabajadores y trabajadoras españolas. ¿Cuánto creen ustedes que falta para que nos digan “se nos fue la mano, desprotegimos a los trabajadores irreflexivamente”?

Aquellas reformas “irreflexivas”, que han proporcionado cuantiosos beneficios a los de siempre, siguen aquí porque no dan los votos para revertirlas, y los de un bloque parlamentario no quiere saber nada del otro, y bla, bla, bla… Y en esas estábamos cuando empezaron a gasear la vida política con humo morado.

Cuando se despeje y podamos ver con claridad, nos encontraremos con que eso que llaman nuevo –sean políticas, partidos, coaliciones o similares– es lo de siempre; seguirán ahí las mismas políticas de siempre, las que sospechan de oficio de la honestidad de las clases trabajadoras y alertan constantemente de los abusos en las prestaciones por desempleo o los subsidios, del absentismo, de las subvenciones, etc… La misma precariedad, los mismos salarios insuficientes, la misma negligencia con la seguridad en los puestos de trabajo. La misma criminalización de los inmigrantes y de las mujeres. Los mismos cuentos respecto a la eficacia de la gestión pública frente a la privada. La misma intolerancia hacia los que piensan diferente.

En los últimos días he visto un contrato de trabajo en el que no figura prácticamente nada de lo que debería contener para que se le pueda llamar contrato: no se especificaba periodo de prueba, ni retribución, ni conceptos salariales, remitiendo para todo ello a lo establecido en convenio. Sin embargo, en el apartado donde debe señalarse el convenio de aplicación, se señala uno que no existe. En el punto donde deben fijarse las vacaciones pone 22 días, a pesar de que la anotación que explica qué debe especificarse en esa cláusula dice “mínimo: 30 días naturales”. No pasa nada, pero debería pasar. Hemos llegado al estadio en que los medios de los que nos dotamos para dar seguridad jurídica a las actividades más esenciales, como es la relación de trabajo, se degradan arteramente para invalidar sus objetivos. Ningún humo, de ningún color, debería distraer nuestra atención del objetivo de recomponer los mecanismos de reparto de la riqueza, de restablecer el principio de buena fe y respeto a la ley. Y en eso estamos.


► Artículo en "El Siglo de Europa"