Desescalar con perspectiva de género

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Artículo de opinión de Cristina Antoñanzas, Vicesecretaria General de UGT, en "El Siglo de Europa"


Está claro que el confinamiento ha supuesto una sacudida, no sólo económica, sino también social. Ha puesto sobre la mesa cuestiones hasta ahora adormecidas. Ha visibilizado desequilibrios y carencias, situaciones de vulnerabilidad social, pobreza, desigualdad y soledad que desde esta organización sindical hemos señalado una y otra vez, y que nunca han quedado tan patentes como durante estos meses. También se ha evidenciado, entre otras cosas, lo imprescindible que es tener unos buenos servicios públicos, con recursos económicos y humanos suficientes, y la importancia de políticas e inversiones públicas que ayuden a las personas.

Y éstos son algunos de los objetivos marcados para este Primero de Mayo de 2020 marcado por el Covid-19.

Nos hemos tenido que adaptar a las nuevas circunstancias y aliarnos con las nuevas tecnologías. ¡Quién nos iba a decir, con más de 132 años de historia, que la Unión General de Trabajadores iba a convocar un Primero de Mayo virtual. Y así lo hemos hecho, manifestándonos desde nuestras casas a través de Internet, en la Red, para exigir un nuevo modelo económico y social y homenajear a todas aquellas personas que trabajan en sectores esenciales, no valorados ni económica ni socialmente, pero que han sido imprescindibles en esta crisis sanitaria.

No podemos olvidar su importancia, y en su mayor parte tienen rostro de mujer. Hablo de limpiadoras, empleadas de hogar, cajeras, enfermeras, etc. Es, por eso, que este Primero de Mayo tiene una fuerte reivindicación feminista. Los trabajadores de los sectores calificados como esenciales están fuertemente feminizados, mal pagados, muy precarios y poco reconocidos.

Tenemos que reconocer este trabajo como un valor imprescindible para el desarrollo de nuestra sociedad y es por eso que la salida de la crisis no puede recaer sobre los trabajadores y las trabajadoras de nuevo. Sería un error político y social grave no haber aprendido de las experiencias vividas. Hay que tener en cuenta que los que hoy son servicios esenciales para la sociedad lo serán también mañana, cuando pase la crisis sanitaria.

Y en este sentido hay que actuar.

Hace unos días el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha confirmado que la brecha entre hombres y mujeres persiste. Son el 43% de las ocupadas y el 53% de las personas en desempleo. La tasa de paro femenina es del 16,24%, mientras que la masculina se encuentra en el 12,79%. Y es el sector servicios, muy feminizado, el que arrastra la mayor caída empleo. Son datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de este año, que aún no contempla en su totalidad el impacto del virus Covid-19 sobre el empleo.

Y es por esto que el abandono paulatino del confinamiento y del estado de alarma se debe realizar con medidas de protección de la salud, pero también con garantías a través de la prolongación de los Expedientes de Regulación de Empleo (ERTE) para evitar los despidos, y con garantías para los más vulnerables a través de una renta mínima vital coyuntural, entre otras cuestiones.

Queremos salir de esta crisis con un nuevo modelo, un nuevo contrato social con perspectiva de género.

Se trata de inaugurar un nuevo tiempo, impulsado desde el diálogo social para logar un cambio en el modelo productivo que permita un crecimiento económico sostenible, que apoye una nueva senda de progreso estable para todos y para todas y refuerce nuestro estado de bienestar.


 Accede al artículo en "El Siglo de Europa"