Plataformas digitales, la cara más oculta de la digitalización

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 Artículo de opinión de Gonzalo Pino, Secretario de Política Sindical de UGT,, en "El Economista"


No existe un ejemplo más claro de cómo una innovación tecnológica, aplicada sin un mínimo sustento legislativo, y sin contar con el menor atisbo de sensibilización social, puede convertirse en un retroceso laboral; y por ende, también social y económico.

Desde su aparición en escena, las plataformas digitales han representado el epítome y la cúspide de la precarización laboral y del capitalismo incontrolado, donde unos pocos se llenan las manos a costa de explotar a sus pares. Para ello se han servido de años de inacción gubernativa, de un continuado desacato al Derecho del Trabajo y de una bien articulada campaña de marketing, invistiéndose de una falsa modernidad y filantropía (hasta han llegado a autodenominarse como economía colaborativa).

Juez tras juez, tribunal tras tribunal, desde el más humilde juzgado de lo Social hasta el mismísimo Tribunal Supremo han coincido en describir a las personas trabajadoras de estas plataformas como asalariados. Por tanto, no debería haber más debate.

Sin embargo, los afines al pensamiento neoliberal, donde prevalece siempre los intereses de los negocios por encima de los de las personas, claman por una nueva regulación laboral que explícitamente refute lo dictado por la jurisprudencia. Intentan, por la vía del subterfugio, hacer prevalecer sus intereses empresariales, saltándose así uno de los pilares de nuestra democracia: el imperio de la Ley y del Derecho.

Justifican este proceder bajo imposibles argumentos. Uno de los más socorridos, describe a nuestras leyes laborales como "obsoletas". Se olvidan estos lobbies que los derechos de las personas trabajadoras no caducan, ni pasan de moda, ni son dúctiles ni amoldables a los intereses del capital. Otro muy usado es que son actores "innovadores", y que, por definición, son buenos. Se trata de una falacia lógica conocida desde los clásicos (argumento ad novitatem; apelación a la novedad): ninguna innovación es bondadosa per se, sino que dependerá de cómo se utilice.

Incluso se atreven a blandir el concepto de la flexiseguridad, cuando no existe ningún trabajo más explotador, precarizado e inseguro que el de una plataforma digital de reparto. La muerte de Néstor hace solo unos pocos días, repartidor de una cuenta subalquilada de Deliveroo, es la prueba más cruel del sinsentido de sus argumentos.

La batalla por los derechos de las personas trabajadoras aún está librándose; las plataformas digitales de reparto son sólo la punta del iceberg. Su modus operandi, con algoritmos controlando la organización del trabajo (sin intervención humana), relaciones laborales basadas en la imposición y explotación, sin más certidumbre retributiva que un mísero pago a demanda, amenaza con propagarse hasta las empresas tradicionales.

Y justo enfrente de esos explotadores de nuevo cuño, que en nada se diferencia de los patrones que iban a buscar mano de obra a la plaza del pueblo hace no tantos años, estará mi Sindicato.


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