Es necesario reactivar la economía con todos los instrumentos a nuestro alcance

La situación requiere políticas expansivas, reformar el sistema fiscal y unos PGE sociales adaptados a la nueva normalidad


► La situación generada por la pandemia ha dado lugar a un enorme shock en la oferta y en la demanda y ha provocado que la economía entre en recesión por ello hay que actuar ya  con todo para salvar vidas, empleos y empresas.

► Es fundamental mantener instrumentos como los ERTE, las medidas de extensión de la protección social o los planes de ayuda puestos en marcha para sostener el consumo de los hogares.

► Hay que cambiar el modelo productivo, resolver los problemas estructurales y construir un país con una economía más eficiente y solidaria y combatir la precariedad laboral, la desigualdad y las carencias institucionales.

Madrid, 23 de septiembre de 2020.- El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado hoy los datos correspondientes a la Contabilidad Nacional Trimestral del segundo trimestre de 2020 y, como ya anticipó el avance de datos para este período, publicado el 31 de julio, supone la mayor caída del PIB en nuestra historia moderna, debido a las restricciones de movimiento y de apertura de actividades establecido. Así, los datos publicados hoy confirman que se trata de un 17,8% menos respecto al trimestre anterior y un 21,5% en términos anuales.

Como era presumible, este trimestre tan excepcional ha tenido un fuerte impacto en el PIB de la gran mayoría de países que han tomado medidas de carácter restrictivo, algo lógico debido a la interdependencia entre economías, que supone un reto para la recuperación y exigirá una mayor cooperación económica entre las mismas; sobre todo en el ámbito europeo. Además, en este caso la crisis económica está fuertemente correlacionada con la crisis sanitaria, lo que implica que la prioridad para poder asentar la recuperación económica es poner solución a los problemas sanitarios.

Por el lado de la demanda se constata una fuerte caída del gasto en consumo final (-14,6% trimestral y -17,8% anual) que es íntegramente provocado por el descenso del consumo final de los hogares (-20,4% trimestral y -25,2% anual). Además, la inversión cayó también de manera pronunciada (-21,5% trimestral y -25,4% anual). El conjunto de la demanda nacional se ha visto mermada en un 16,1% en el trimestre, siendo un 18,8% si lo comparamos con el mismo período del año pasado. Mientras que la demanda externa lo hacía en un 2,7% en términos interanuales, que se desglosa en fuertes caídas tanto de las exportaciones (-33,4% trimestral y -38,1% anual) como de las importaciones (-29,5% trimestral y -33,5% anual) como consecuencia del cierre de las fronteras y de las dificultades en el comercio exterior por la crisis sanitaria. 

Por el lado de la oferta, a excepción de la agricultura todos los sectores han tenido fuertes caídas. El sector primario, con estos datos definitivos, terminó el primer trimestre con un crecimiento del 3,6% en términos intertrimestrales y del 6,3% en términos interanuales. Sin embargo, el resto de sectores han tenido unos grandes descensos siendo la peor parada la construcción (-21,9% trimestral y -27,5% anual), seguida de la industria (-19,1% trimestral y -23,8% anual) y, por último, los servicios (-18,3% trimestral y -21,3% anual). Dentro de éste último, los subsectores del comercio, transporte y hostelería y las actividades artísticas, recreativas y otros servicios han sido los que han sufrido la peor parte, en términos interanuales -44,9% y -37,6% respectivamente. El orden de los sectores principales se invierte si se analiza su caída en el VAB (Valor Añadido Bruto), siendo el sector servicios el que propicia una mayor caída (-14,4% anual), seguido de la industria (-3,5% anual) y de la construcción (-1,6% anual) y, de nuevo, siendo la agricultura el único dato positivo.

En materia de empleo, como ya señalamos con el avance de estos datos, el indicador que nos proporciona una mejor información para el análisis son las horas efectivamente trabajadas. Éstas han disminuido en un 21,7% respecto al trimestre anterior y un 24,9% si lo comparamos con el segundo trimestre de 2019. Estos datos desagregados, muestran un panorama similar al señalado en el análisis por el lado de la oferta. El cambio más notable es que la agricultura también cae en número de horas efectivamente trabajadas, un 8,5%. Se trata del sector que menos cae. Como ocurre con el PIB por sectores caen en mayor medida son la construcción (-31,1%), el sector servicios (-25,8%) y la industria (-20,8%).

Son necesarias medidas a corto y a largo plazo

La publicación de los datos definitivos nos muestra una realidad más precisa de lo sucedido en el segundo trimestre de 2020, el peor trimestre económico de nuestra historia. El Estado de alarma, el confinamiento, las restricciones a las pocas actividades económicas que se podían llevar a cabo, junto con la disminución de las rentas, hizo que se viviera un enorme shock tanto por el lado de la oferta como por el lado de la demanda, como hemos podido ver en los datos expuestos anteriormente.

Por lo tanto, siendo conocedores de la magnitud del problema que hemos enfrentado, y que seguimos enfrentando, es necesario que las medidas que se emprendan en un futuro inmediato incluyan cambios a dos marchas. En primer lugar, que se ataquen en el corto plazo los efectos negativos que está dejando esta crisis económica. Y, en segundo lugar, que se propongan cambios de calado y reformas estructurales que nos faciliten la salida de la crisis pero que también sirvan de medida de contención ante futuras perturbaciones.

La situación requiere una política expansiva

En este sentido, para evitar que la caída sea más profunda será fundamental que se mantenga una política económica contracíclica, es decir, que impulse con todos los instrumentos a su alcance la actividad y el empleo. Tras dos trimestres de crecimiento negativo de nuestro PIB se puede afirmar que estamos en recesión. Una política económica expansiva es una condición necesaria (pero no suficiente) para que nuestro PIB sufra lo menor posible. Para ello la política fiscal debe ser el arma fundamental del que haga uso el Gobierno, teniendo en cuenta que la soberanía de la política monetaria recae en exclusiva en el BCE. Esto implica mantener los estímulos vía gasto hasta que sea necesario, puesto que una retirada precipitada tendría efectos desastrosos.

En este sentido, mantener los instrumentos que se han mostrado eficaces, como sucede con los ERTE, y las medidas de extensión de la protección social adoptadas, resulta imprescindible para sostener el consumo de los hogares, pieza clave de cualquier reactivación. El incremento de la desigualdad no puede repetirse, como sucedió en la anterior crisis económica, puesto que sus consecuencias las pagan las personas más desfavorecidas, pero también para el conjunto de la sociedad.

Igualmente, los planes de ayuda a diferentes actividades económicas, junto con las líneas de crédito y las facilidades de pago que se han llevado a cabo, son medidas de contención que deben mantenerse, puesto que ayudan a proteger el tejido productivo para que los diferentes sectores económicos, y especialmente los más afectados por las distintas medidas de confinamiento y restricciones, puedan funcionar cuando la reactivación sea posible. 

Con respecto al largo plazo, desde UGT hemos elaborado la “Propuesta sindical para la construcción de un nuevo país. UN PAÍS CON FUTURO”, en la que fijamos las principales políticas que se deben emprender para que nuestro país pueda reforzar sus aspectos positivos y eliminar todas aquellas carencias estructurales de las que adolece. Para el diseño y puesta en marcha de todas ellas, el diálogo social es un instrumento esencial, garantía de una mayor aceptación social.

Una reforma fiscal justa para hacer frente al incremento del gasto público

Dentro de las reformas más urgentes y necesarias se encuentra la reforma fiscal. El desembolso económico este año elevará de manera muy importante el déficit y, por lo tanto, el incremento de los ingresos públicos y las mejoras para que el gasto público sea eficiente y socialmente justo son requisitos indispensables. Actualmente nuestra presión fiscal es inferior a la media de la UE en 5,8 puntos, esto hace que nuestros recursos disponibles no sean suficientes para sufragar los gastos de todo tipo que deben enfrentar un estado avanzado, debiendo recurrir de manera excesiva a la deuda pública, e incrementando en consecuencia el pago de intereses.

Los países de la Unión Europea han hecho un esfuerzo por ponerse de acuerdo en el plan ¨Next Generation EU¨, que permitirá a España acceder a 140 mil millones de euros. Éstos deben emplearse en proyectos que nos permitan emprender un cambio en nuestro modelo productivo, que generen empleo de calidad y con actividades de alto valor añadido. Pero necesitaremos más. Por ello, es preciso que las instituciones europeas impulsen nuevas herramientas que favorezcan la recuperación, ante la incapacidad desde la política monetaria de generar esos efectos expansivos deseados.

Unos PGE sociales y adaptados a la nueva normalidad

Todos los cambios apuntados deben recogerse en los Presupuestos Generales del Estado, para 2021. Negociar unos presupuestos sociales y adaptados a la nueva normalidad pasa por un consenso político del que se deben hacer eco todos los grupos parlamentarios. No podemos permitir que se sigan prorrogando los presupuestos de hace más de dos años y menos con la situación excepcional que estamos viviendo.

La conclusión tras haber examinado los datos de la Contabilidad Nacional del segundo trimestre de 2020 es que la rápida acción en materia sanitaria, en primer lugar, y en materia económica, en segundo lugar, puede salvar vidas, empleos y empresas. Junto con estas medidas debemos resolver los problemas estructurales que atraviesa España y construir un nuevo país que se base en una economía más eficiente y solidaria, combatiendo la precariedad laboral, la desigualdad y las carencias institucionales que sean un lastre para la construcción de un futuro distinto y mejor.

 

 

Fuente: UGT