Prohibir la violencia y el acoso en el mundo del trabajo

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Más de 800 millones de mujeres han sufrido algún tipo de violencia y hostigamiento, desde agresiones físicas hasta abusos verbales e intimidación. #MeToo y movimientos similares han ayudado a exponer la escala del problema en el mundo del trabajo, alentando a las mujeres a hablar y exigir justicia. Mientras que las mujeres se ven afectadas de manera abrumadora y desproporcionada, los hombres no son inmunes. Y la discriminación contra ciertos grupos exacerba la violencia y el acoso.
 
Ningún sector, ya sea formal o informal, público, privado o voluntario está intacto. Sin embargo, las tasas más altas se registran constantemente en sectores como el transporte, la salud y la asistencia social, hoteles y restaurantes, medios de comunicación y entretenimiento, agricultura y trabajo doméstico. La violencia y el acoso en el trabajo pueden provenir de gerentes, supervisores, compañeros de trabajo, clientes y clientes. Puede suceder en el lugar de trabajo físico, en los eventos sociales relacionados con el trabajo o en la capacitación, al ir y venir del trabajo, o en cualquier lugar donde el trabajador deba estar a causa de su trabajo. Las prácticas abusivas en el lugar de trabajo también pueden contribuir al costo de la violencia y el acoso, con el estrés relacionado con el trabajo y las enfermedades mentales en su punto más alto.
 
Hay una ventana de oportunidad para tomar medidas decisivas. Este mes, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el organismo de las Naciones Unidas responsable de establecer estándares legales globales para las condiciones de trabajo, completará las negociaciones sobre una nueva ley para prohibir, prevenir y remediar la violencia y el acoso. Si las negociaciones son exitosas, el nuevo derecho internacional colocará responsabilidades claras sobre los empleadores y los gobiernos para enfrentar el flagelo de la violencia y el acoso en el mundo del trabajo. Los trabajadores también tendrán la responsabilidad de abstenerse de actos de violencia y acoso y de cumplir con las políticas, procedimientos u otras medidas adoptadas por sus empleadores para evitarlo.
 
Si bien existen diferencias para resolver el contenido final de la nueva ley, existe un amplio apoyo para su adopción entre los sindicatos, los gobiernos y algunos empleadores. Antes de las negociaciones, algunas empresas han hecho público su apoyo, demostrando cómo se pueden tomar medidas no solo para prevenir y responder a la violencia y el acoso en el lugar de trabajo, sino también para abordar los efectos de la violencia doméstica en el mundo del trabajo. Tales medidas incluyen licencias pagadas para víctimas de violencia doméstica, fácil acceso a información, servicios de asesoramiento o asesoramiento, o horarios de trabajo variables para minimizar el riesgo de acoso por parte de ex parejas violentas. Y las empresas están participando cada vez más en negociaciones colectivas con sindicatos a nivel empresarial, sectorial y global para garantizar que las personas que trabajan, o buscan trabajar para ellos, estén protegidas y libres de temor.
 
La violencia y el acoso en el mundo del trabajo es un problema global que requiere soluciones globales. Las negociaciones en la OIT son oportunas, sobre todo porque la agencia de la ONU celebra los 100 años de su existencia este año. Los sindicatos hicieron campaña por esta nueva ley mucho antes de las dolorosas revelaciones de #MeToo. Nuestro gobierno y nuestros empleadores ahora deben desempeñar su papel para hacer de esto una realidad. Nadie debe ir a trabajar por temor a sufrir violencia y hostigamiento.