Ni hay milagro económico ni la crisis ha desaparecido, sino que sigue enquistada

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​Los datos de Contabilidad Nacional correspondientes al tercer trimestre del año muestran un aumento de la economía del 0,8%, situando el crecimiento anual en el 3,4% frente al 3,2% del trimestre anterior. La economía española acelera su crecimiento durante el último trimestre, pero sigue sin consolidarse y sin trasladarse a los ciudadanos de este país.

Nuestro modelo económico sigue dependiendo excesivamente de la estacionalidad, por mucho que el Gobierno se empeñe en alardear de la bonanza económica como fruto de su legislatura. Ni hay milagro económico ni la crisis ha desaparecido, sino que sigue enquistada, con empleos basados en la precariedad y una continua devaluación de las rentas de las familias españolas, como refleja el “Balance de Legislatura 2011-2015” que la Unión General de Trabajadores presentó ayer. El sindicato exige un cambio radical de políticas en nuestro país que se base en buenos empleos, en aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores y en más y mejor innovación para las empresas.

Un cambio que tenga como epicentro el Diálogo Social y que consiga un crecimiento más equilibrado, sostenible e integrador, eleve el bienestar y calidad de vida de todos y acabe con los altos niveles de desigualdad y pobreza que existen en la actualidad.
Los datos de la Contabilidad Nacional Trimestral del tercer trimestre del año, publicados hoy por el INE, confirman que la economía española registró un crecimiento del 0,8%, tal y como señalaba el indicador adelantado, que se conoció el 30 de octubre. Esta tasa es dos décimas inferior a la registrada en el trimestre anterior (1,0%).

En cuanto al crecimiento anual, se sitúa en al 3,4% frente al 3,2% del trimestre anterior, y dos décimas superior al avance del mes de octubre.

La contribución al crecimiento agregado de la demanda nacional es seis décimas superior a la registrada en el trimestre anterior, situándose en 3,9 puntos, y la demanda exterior empeora su aportación al PIB trimestral en cuatro décimas respecto al trimestre pasado, y sigue en negativo (de -0,1 a -0,5 puntos). Las exportaciones ralentizan en seis décimas su crecimiento, desde el 6,2% al 5,6%, mientras que las importaciones aceleran su ritmo de crecimiento, desde el 7,0% al 7,7%.

En cuanto a la situación de los principales componentes de la demanda interna, el gasto en consumo final de los hogares experimenta un crecimiento anual del 3,5%, seis décimas superior a la del trimestre anterior (2,9%); el gasto en consumo final de las Administraciones Públicas presenta una variación interanual  del 3,0%, nueve décimas superior a la del trimestre precedente (2,1%); y la formación bruta de capital fijo registra un crecimiento anual del 6,5%, dos décimas superior a la del trimestre anterior (6,2%).
Por su parte, el empleo, en términos de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, registra una variación trimestral del 0,7%, dos décimas inferior a la experimentada en el trimestre anterior, y en términos anuales presenta una tasa de crecimiento del 3,1%, una décima superior a la anterior, lo que supone un aumento neto de 512.000 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo en un año.

Y la remuneración de los asalariados en el tercer trimestre de 2015 pasa del 3,6% al 4,0% en tasa anual, como consecuencia del aumento en cinco décimas de la tasa de variación anual del número de asalariados (del 3,2% al 3,7%) y de la desaceleración de la remuneración media por asalariado (del 0,4% al 0,3%). Así, el crecimiento del coste laboral por unidad de producto (CLU) se sitúa en el 0,1%, siete décimas por debajo de la variación experimentada por el deflactor implícito de la economía (0,8%).

Conclusiones
La economía española ha acelerado su crecimiento en el tercer trimestre del año, tal y como apuntaban todos los indicadores de coyuntura, pero sigue sin consolidarse y sin trasladarse al bienestar de los ciudadanos y trabajadores. Además, nuestro modelo de crecimiento sigue reflejando una excesiva dependencia de actividades y factores estacionales y tradicionales, lo que hace que nuestra economía sea muy vulnerable ante shocks externos y ante vaivenes del ciclo económico internacional.

Frente a la tozudez de esta realidad, el gobierno se empeña en alardear de la bonanza macroeconómica como fruto de la legislatura, haciéndonos creer que el crecimiento del PIB es fruto de las políticas aplicadas. Nada más lejos de la realidad: es el resultado de la conjunción de tres circunstancias ajenas al desempeño del gobierno: la relajación monetaria del BCE, la caída de los precios del petróleo y la depreciación del euro frente al dólar.

No hay, pues, milagro económico. La crisis sigue enquistada, mientras el gobierno sigue tan complaciente con un modelo incompatible con el progreso social y la igualdad en nuestro país.

Porque el empleo que se está creando en base a ese modelo de crecimiento, Aunque en términos cuantitativos el balance es positivo, está basado en el avance de la precariedad. Conviene recordar aquí que los datos de la EPA conocidos el pasado mes de octubre constatan que en el mercado de trabajo español sigue enquistada la temporalidad –que supera el 26%-, la parcialidad involuntaria –que alcanza el 65,4%- y otras formas de subempleo, pero además constatan una extensión insostenible del paro de muy larga duración y del número de hogares con todos sus miembros en paro (más de un millón y medio de personas).

Otro indicador de la debilidad de la recuperación económica es la evolución de los precios, resultado de la persistente devaluación de las rentas de las familias. Esta devaluación no consigue recuperar la fortaleza de la demanda interna, y está generando unos niveles de desigualdad inadmisibles. Según el último dato de Hacienda en su informe “Estadística de Mercado de trabajo y pensiones en las fuentes tributarias”, el sueldo medio declarado ha caído al nivel más bajo desde 2007 (18.420 euros anuales), debido a la incorporación de empleos con salarios bajos.

En cambio, y según el propio informe “el salario medio del grupo de los más privilegiados, los que cobran más de 10 veces el salario medio interprofesional (SMI), no ha parado de subir en toda la crisis”.

En este sentido, el pasado 2 de noviembre instamos al gobierno, a impulsar la mejora del SMI y recuperar el poder adquisitivo perdido (5,4 puntos de poder de compra en los últimos cinco años). Para ello, proponemos incrementar el SMI de forma que alcance los 800 euros al mes, mediante un incremento escalonado entre 2016 y 2017, de manera que nos aproximemos a la media de la Euro Zona y al 60% del salario medio, objetivo de la Carta Social Europea suscrita por España.

Además de la mejora del SMI, para UGT urge una modificación general de la política de rentas, incrementando el poder adquisitivo de los funcionarios y pensionistas, y garantizando ganancias de poder adquisitivo a los trabajadores en el sector privado, en el marco del III Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva 2015-2017 firmado por los interlocutores sociales el 8 de junio de 2015. Porque el enquistamiento del paro de larga duración, el deterioro de la calidad del empleo y la devaluación salarial han provocado una fuerte pérdida de renta de las familias españolas, aumentando de forma notable la población en riesgo de pobreza o exclusión social, que alcanza ya casi al 30% de la población.

Para UGT es urgente apostar por el crecimiento, favoreciendo el consumo, lo que requiere empleo y rentas para los hogares y las personas. Además de la ser la clave para el crecimiento, es de justicia social una política salarial y de rentas que frene la precariedad y la desigualdad, situaciones del todo incompatibles con un escenario de recuperación económica. Hay que generar buenos empleos y buscar fórmulas para mejorar la innovación de las empresas y aumentar su productividad, junto con el desarrollo de políticas de distribución, en las que la negociación colectiva, que es donde se gesta la distribución primaria de la riqueza, tenga un papel fundamental. Todo ello acompañando de la mejora de las capacidades de actuación públicas, reformando la fiscalidad, tanto del lado del ingreso como del gasto, de manera que resulte una herramienta favorecedora del crecimiento y de la redistribución justa y equitativa de la renta. Se trata de reconstruir el modelo social europeo: con una sociedad cohesionada, con igualdad de oportunidades y con derechos conseguidos mediante la negociación colectiva. Porque nuestra economía funciona mejor cuando funciona para todos y no sólo para unos pocos.

Como alternativa a estas políticas desde UGT, en el Balance de Legislatura presentado ayer, proponemos un diálogo permanente y un nuevo rumbo para la política económica y social, con propuestas claras y realistas en cada ámbito, que forman parte de una estrategia integral hacia un nuevo modelo económico y social para nuestro país, que debe asentarse además sobre unas reforzadas bases democráticas y de participación ciudadana. 

Esta nueva estrategia debe afrontar un triple reto para los próximos años, que debería trasladarse también al ámbito europeo: inducir un crecimiento más equilibrado, sostenible e integrador, generar más y mejor empleo, de calidad y con derechos, y elevar el bienestar y la calidad de vida de todos, con especial atención a la corrección de las desigualdades de todo tipo y la superación de las bolsas de pobreza que la crisis y las políticas aplicadas han aumentado.

Estos son también, en consecuencia, los retos que tiene ante sí el próximo gobierno que surgirá de las próximas elecciones generales del 20 de diciembre de este año, del que se espera que, más que reformas, aborde a través del diálogo y la búsqueda de consensos básicos, una verdadera reconstrucción de nuestro país sobre valores de progreso, solidaridad, igualdad y democracia.