Gran Bretaña no debió ir a la guerra
Robin Cook (Presidente del Partido de los Socialistas Europeos
–PSE-)
Texto íntegro del discurso de renuncia al cargo de “ministro de relaciones parlamentarias” pronunciado en la Cámara de los Comunes, que ganó aplausos de algunos miembros ordinarios, en escenas sin precedente en ese cuerpo parlamentario británico.
Es la primera vez en 20 años que me dirijo a esta cámara desde las curules de los miembros ordinarios. Debo confesar que había olvidado cuánto mejor es la vista desde aquí.
Ninguno de estos 20 años ha sido más disfrutable o más satisfactorio
que los últimos dos, en los que he tenido el inmenso privilegio de servir como
líder de este cuerpo parlamentario, lo cual fue mucho más disfrutable aún,
señor presidente de la cámara, por la oportunidad de colaborar estrechamente
con usted.
Frecuentemente me fue necesario, como líder de la cámara, rechazar de
palabra acusaciones de que una declaración había sido precedida por una
entrevista de prensa. En esta ocasión puedo decir con absoluta confianza que no
he concedido ninguna entrevista de prensa antes de esta declaración. He
escogido dirigirme primero a esta cámara sobre las razones por las cuales no
puedo apoyar una guerra que no cuenta con consenso internacional ni con
respaldo nacional.
El actual primer ministro es el líder más exitoso del Partido
Laborista que he conocido. Espero que continúe siendo líder de nuestro partido
y que continúe siendo exitoso. No abrigo simpatía alguna hacia los que quieren
utilizar esta crisis para desplazarlo, y no les daré ningún respaldo.
Aplaudo los heroicos esfuerzos que el primer ministro ha hecho para
tratar de asegurar una segunda resolución. No creo que nadie hubiera podido
realizar un mejor trabajo que el secretario del exterior para ganar apoyo a una
segunda resolución en el Consejo de Seguridad. Sin embargo, la mera intensidad
de esos esfuerzos subraya cuán importante era obtener éxito. Ahora que esos esfuerzos
han fracasado, no podemos hacer como si lograr una segunda resolución careciera
de importancia.
¿Intransigencia de Francia?
A Francia le ha tocado en días recientes recibir cubetadas de
comentarios. No es Francia la única que desea más tiempo para inspecciones.
Alemania quiere más tiempo para inspecciones; Rusia quiere más tiempo para
inspecciones. De hecho, en ningún momento hemos reunido ni siquiera el mínimo
necesario de firmas para lograr una segunda resolución. Nos engañamos si
creemos que el grado de hostilidad internacional es sólo obra del presidente
Chirac.
La realidad es que se pide a Gran Bretaña embarcarse en una guerra que
no ha logrado consenso en ninguno de los organismos internacionales de los
cuales somos socios importantes: ni en la OTAN, ni en la Unión Europea ni,
ahora, en el Consejo de Seguridad. Terminar en semejante debilidad diplomática
es un serio revés.
Hace sólo un año, nosotros y Estados Unidos formábamos parte de una
coalición contra el terrorismo que era más amplia y diversa de lo que
hubiéramos imaginado posible.
La historia se asombrará de los errores de cálculo diplomático que
condujeron con tanta rapidez al desmantelamiento de tan poderosa coalición.
Estados Unidos puede darse el lujo de ir solo a la guerra, pero Gran Bretaña no
es una superpotencia. Nuestros intereses están mejor protegidos no por una
acción unilateral, sino por un acuerdo multilateral y por un orden mundial
gobernado por normas.
Esta noche, sin embargo, las asociaciones internacionales más importantes
para nosotros se han debilitado: la Unión Europea se ha dividido, el Consejo de
Seguridad se encuentra atascado. Estas son bajas formidables en una guerra en
la cual aún no se dispara un solo tiro.
He escuchado algunos paralelismos entre la acción militar en estas
circunstancias y la que llevamos a cabo en Kosovo. No hubo dudas en cuanto al
apoyo multilateral que recibimos para nuestra acción en Kosovo. Fue apoyada por
la OTAN, fue apoyada por la Unión Europea, fue apoyada por cada uno de los siete
países vecinos de la región. Francia y Alemania fueron nuestros aliados
activos.
Precisamente porque no tenemos nada de ese apoyo en este caso era aún
más importante lograr el acuerdo del Consejo de Seguridad, como última
esperanza de demostrar un consenso internacional.
El fundamento legal de nuestra acción en Kosovo era la necesidad de
responder a una acuciante crisis humanitaria. Nuestra dificultad en lograr
apoyo en esta ocasión radica en que ni la comunidad internacional ni el pueblo
británico están convencidos de que exista una razón acuciante para emprender
esta acción militar en Irak. El umbral de la guerra siempre debe ser alto.
Ninguno de nosotros puede predecir la cuota mortal de civiles que
cobrará el próximo bombardeo de Irak, pero la advertencia estadounidense de una
campaña de bombardeos que "estremecerá y asombrará" señala que
probablemente las bajas se contarán al menos por miles.
Confío en que hombres y mujeres del ejército británico enfrenten la
prueba con profesionalismo y valor. Espero que todos vuelvan a la patria.
Espero que Sadam, incluso en esta hora, salga de Bagdad y evite la guerra, pero
es falso argumentar que sólo los que están a favor de la guerra apoyan a
nuestras tropas.
Es enteramente legítimo apoyar a nuestras tropas al mismo tiempo que
se busca una alternativa al conflicto que las pondrá en riesgo. Tampoco es
justo acusar a quienes queremos más tiempo para inspecciones de no tener una
estrategia alternativa.
Durante mis años de secretario del exterior fui responsable en parte de la estrategia internacional de contención. Durante la década pasada esa estrategia destruyó más armas que la guerra del Golfo, desmanteló el programa de armamento nuclear de Irak y detuvo los programas de misiles de mediano y largo alcance de Sadam. La potencia militar iraquí es ahora de menos de la mitad de la existente en la época de la guerra del Golfo.
Irónicamente, si podemos considerar la invasión de Irak es sólo porque
sus fuerzas militares son tan débiles. Algunos partidarios del conflicto
aseguran que las fuerzas de Sadam son tan débiles, tan desmoralizadas y tan mal
equipadas, que la guerra habrá terminado en unos días.
No podemos basar nuestra estrategia militar en la presunción de que
Sadam es débil y al mismo tiempo justificar la acción preventiva con el
argumento de que es una amenaza. Irak probablemente no cuenta con armas de
destrucción masiva en el sentido comúnmente entendido del término, es decir, un
artefacto capaz de ser dirigido contra un blanco urbano estratégico.
Probablemente aún cuente con toxinas biológicas y municiones químicas
para uso en el campo de batalla, pero las ha tenido desde la década de 1980,
cuando compañías estadounidenses le vendieron a Sadam agentes de ántrax y luego
el gobierno británico autorizó fábricas de armas químicas y municiones.
¿Por qué es tan urgente ahora emprender una acción bélica para
desmantelar una capacidad militar que ha estado allí 20 años, y que contribuimos
a crear?. ¿Por qué es necesario recurrir a la guerra esta semana, cuando la
ambición de Sadam de completar su programa de armamento está bloqueada por la
presencia de los inspectores de la ONU?.
Hace sólo un par de semanas, Hans Blix informó al Consejo de Seguridad
que las tareas esenciales de desarme que faltan podrían completarse en unos
meses. He oído decir que Irak tuvo no meses, sino 12 años para completar el
desarme, y que nuestra paciencia se ha agotado.
Sin embargo, han pasado más de 30 años desde que la resolución 242
ordenaba a Israel retirarse de los territorios ocupados. No expresamos la misma
impaciencia respecto de la persistente negativa de Israel a cumplir esa orden.
Saludo la intensa dedicación personal que el primer ministro ha dado a
la paz en Medio Oriente, pero el papel positivo de Gran Bretaña en esa región
no desagravia el fuerte sentido de injusticia que existe en todo el mundo árabe
ante lo que ve como una vara de medir para los aliados estadounidenses y otra
para los demás.
Tampoco contribuye a nuestra credibilidad la impresión de que nuestros
socios de Washington están menos interesados en el desarme que en el cambio de
régimen en Irak. Eso explica por qué cualquier evidencia de que los inspectores
logran algún avance no es recibida en Washington con satisfacción, sino con
consternación: reduce los argumentos en favor de una guerra.
Lo que ha venido a inquietarme más en las semanas recientes es la
sospecha de que si los votos en Florida hubieran caído del otro lado y Al Gore
hubiera resultado electo, no estaríamos ahora a punto de comprometer a las
tropas británicas.
Mientras más he prestado mis servicios en este lugar, mayor respeto he
sentido por el buen juicio y la sabiduría colectiva del pueblo británico.
Respecto de Irak, creo que el sentir del pueblo británico es
inequívoco. No duda que Sadam sea un dictador brutal, pero no está convencido
de que represente un peligro claro y actual para Gran Bretaña. Quiere que se dé
una oportunidad a la inspección, y sospecha que está siendo empujado demasiado
aprisa hacia el conflicto por un gobierno estadounidense que tiene sus propias
prioridades.
Por encima de todo, se siente perturbado de que Gran Bretaña se
embarque en una aventura militar de manera aislada, sin una coalición
internacional más amplia y en contra de la hostilidad de muchos de nuestros
aliados tradicionales. Desde el principio de la crisis actual he insistido,
como líder de la cámara, en el derecho de este cuerpo legislativo a decidir por
votación si Gran Bretaña debe ir a la guerra.
Ha sido un tema favorito de los comentaristas que esta cámara ya no
ocupa un lugar preponderante en la política británica. Para demostrar que están
equivocados, nada sería mejor que si esta cámara prohibiera la participación de
tropas británicas en una guerra que no cuenta con consenso internacional ni con
apoyo nacional.
Me propongo unirme mañana en la noche a quienes voten en contra de una
acción militar en este momento. Por esa razón, y sólo por ella, sintiendo un
gran peso en el corazón, renuncio a este gobierno.