Information disclosure has been erased! alidad del trabajo, su  construcción simbólica y su significado socio-económico.

En efecto, las líneas de tendencia lo orientan hacia una mayor especialización, flexibilidad y diversidad, en un contexto técnico dominado por el paradigma informacional y en el seno de redes mucho más densas, globalizadas y competitivas[2]. Frente a fenómenos que hasta hace poco podían y solían explicarse con “parámetros de uniformidad y normalidad”, esto es, trabajo estable, estandarizado arquetípicamente (contratos indefinidos a tiempo completo) bajo un modelo “mecánico” organizativo, parámetros todos formalizables, en suma, desde un prisma regulador, asistimos, por el contrario, a una pérdida de lo uniforme, con fórmulas anómalas de empleo que salen de su marginalidad (teletrabajo), prácticas que escudan la atipia normalizándose (tiempo parcial, jornadas flexibles, subcontratación y externalización), modelos “orgánicos” organizativos (desparcelización de funciones, polivalencia, estructuras divisionales y adhocráticas), y, consiguientemente con todo ello, dificultades más acentuadas para regular un panorama laboral sobremanera heterogéneo.

Ante este contexto, que empaña el debate sobre el futuro del trabajo de notables contingencias, bien puede venir un análisis valorativo sobre dicho proceso de transformación. No es baladí que la doctrina sociológica plantee estos temas al hilo de la degradación del trabajo[3], lo que, extrapolado al terreno jurídico, plantea la hipótesis de encontrarnos ante transformaciones que acarrean una pérdida de la intensidad o del carácter protector de la disciplina laboral.

Efectivamente, la realidad social del trabajo asalariado está sometida a un proceso de juridificación constante. Lo es así porque las relaciones laborales son un punto de encuentro de intereses sociales y económicos, lo que desde siempre ha motivado la instrumentación de mecanismos para atemperarlos y canalizarlos. Para ello, se parte del reconocimiento formal de una plataforma más o menos amplia de derechos, desde los laborales en sentido estricto (v.gr. limitación de jornada, descansos y permisos, elevación de salarios etc), instrumentales (v.gr. derechos de información, derechos colectivos), o profesionales (v.gr. normas sobre prevención y salud laboral, perfeccionamiento laboral, formación y cualificación), pero también al hilo de un segundo marco de derechos que transcienden del trabajo asalariado, de alcance, esto es, social (desempleo, jubilación, asistencia sanitaria, etc) y constitucional (der