MANIFIESTO CONTRA LA GUERRA DE IRAK

10 de abril de 2003 – Huelga general contra la guerra

A continuación transcribimos el texto íntegro del Manifiesto que será leído al finalizar la Manifestación de Madrid, como cierre de una gran Jornada de Movilización laboral, ciudadana y solidaria a favor de la paz y contra la guerra.

Este texto ha sido redactado (y será leído) por Almudena Grandes y Carlos Taibo

 

Estamos aquí otra vez para parar la guerra, esta guerra que aún no ha terminado y las guerras que no han empezado todavía.

 

Estamos aquí otra vez, en nombre de los muertos y de los vivos, de las víctimas mortales y de las víctimas morales, y en nuestro propio nombre.

Hemos parado esta ciudad, hemos parado este país para gritar otra vez NO A LA GUERRA. La huelga general que ha culminado en esta manifestación, ha sido otra manera de pronunciar estas cuatro palabras, que hemos dicho y escrito, cantado y bailado, gritado y coreado, en todas las calles y en todas las plazas, en los periódicos y en las paredes, en nuestros balcones y en nuestras solapas, al calor de las multitudes y en la soledad de las conciencias.

NO A LA GUERRA una vez más. Porque no estamos cansados, aunque estemos hartos.

- Porque estamos hartos de esta guerra ilegal, ilegítima, arbitraria y cruel, que siembra muerte y dolor en el nombre de la libertad.

- Porque estamos hartos de mentiras, de argumentaciones fraudulentas, de fraudes informativos, de explicaciones vergonzosas y de silencios prepotentes.

- Porque estamos hartos de contar el número de víctimas que exigen los intereses económicos de la superpotencia imperialista, y de la sangrienta impunidad con la que estos intereses se imponen.

- Porque estamos hartos de la inteligencia de sus bombas, de la astucia macabra y mafiosa que primero asesina a sus víctimas, y después sigue asesinando para eliminar uno por uno a los testigos de sus crímenes.

- Porque estamos hartos de que el nombre de nuestro país figure entre la lista de quienes patrocinan esta infamia, y hartos de la intolerable violencia que el gobierno de Jose María Aznar ejerce diariamente sobre nosotros.

Porque la mentira es violencia, y la manipulación es violencia, y la arrogancia es violencia, y la censura es violencia, y la traición es violencia, y su insensibilidad es también violencia y es también culpable, señor Aznar.

Y frente a su violencia, no nos cansaremos de proclamar nuestra indignación. Porque nosotros no estamos crispados. Estamos indignados. Miren el diccionario de vez en cuando, y no mientan más. No nos insulten más. No nos ofendan más. Dejen de tergiversar nuestras palabras y de enmascarar sus intenciones. Y no se arroguen el papel de defensores de la democracia porque no tienen derecho a hacerlo.

Somos inocentes, pero no somos tontos, señor Aznar. Y somos muchos. Tantos como no se habían visto antes en esta ciudad, en este país. No nos va a engañar, deje de intentarlo. Y si no es capaz de reaccionar por amor propio, hágalo al menos por vergüenza ajena. Respete nuestra vergüenza, y no nos mezcle más en sus asuntos.

Porque su prosperidad no es la nuestra. No queremos su importancia, no queremos su petróleo, no apreciamos su vanidad, no nos gustan sus amigos ni nos sentimos halagados por representar frente al mundo el papel del más tonto de todas las fotos.

Tampoco queremos su paz. No estamos dispuestos a aceptar como paz la siniestra victoria de sus aliados. Una victoria que repartirá dolor, miedo y humillación en lugar de alegría, justicia y libertad. Porque esa paz será una nueva mentira y el umbral de nuevas guerras, más bombas, más víctimas y más crímenes impunes.

Guárdese su paz para usted, señor Aznar, y déjenos en paz con nosotros mismos. Porque todas las guerras son atroces pero ésta no es una guerra cualquiera. Porque somos conscientes de que estamos viviendo un momento histórico peligrosísimo, en el que está en juego un nuevo orden mundial cuyas consecuencias pagarán no sólo las naciones pobres, sino también las clases trabajadoras de las naciones ricas.

Porque en el nombre de la paz, de la libertad y de la democracia, se perfila el nacimiento de un terrorismo de Estado cuya potencia ni siquiera alcanzamos todavía a imaginar. Y entre las víctimas inminentes e inocentes de ese terrorismo, podrían estar los brigadistas españoles que, en Bagdad, y sin ninguna protección de su gobierno, han sido declarados enemigos por el ejército invasor.

Hoy, los trabajadores de España hemos hecho huelga por la paz, contra la guerra, y contra sus repercusiones laborales, económicas y sociales. Esa es nuestra lucha, y en ella seguiremos todo el tiempo que haga falta.

- Por una paz auténtica, por la democracia y por la justicia,

- Por la dignidad, el progreso y el futuro de todos los seres humanos,

- Por la verdad, por la honestidad de las ideas y el valor de las palabras,

- Por la libertad, que es inocente y eterna, íntegra y universal, generosa y valiente,

- Por nuestra conciencia y desde nuestra conciencia,

- Con el corazón, y por todo lo que puede llegar a amar nuestro corazón,

NO A LA GUERRA

NO EN NUESTRO NOMBRE

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