Del frío 14-D al cálido 20-J

Antonio San José, Director de Informativos de CNN+, analiza la huelga general anunciada por los sindicatos.

El 13 de diciembre de 1988, festividad de Santa Lucía, algunos periodistas de Televisión Española, teníamos la convicción de que la huelga general convocada por UGT y Comisiones Obreras para el día siguiente, sería un éxito. No se trataba de que confiáramos más que otros en nuestra intuición, sino que era la deducción lógica después de haber asistido a una asamblea en el vestíbulo de Torrespaña en la que se decidió apoyar a los operadores del Ente en Navacerrada que plantearon cortar la señal desde el repetidor de "La Bola del Mundo".

 

Entre la celebración de aquella multitudinaria reunión y el inicio previsto del paro, transcurrieron once horas durante las cuales se hacía palpable la preocupación del entonces director de Informativos, Julio de Benito, quien no era capaz de hacerle partícipe de sus presagios a Pilar Miró, directora general de RTVE, cuyo convencimiento de tenerlo todo controlado le llevó a cometer el más grave error de su mandato. Como estaba anunciado, y esperaba casi toda la plantilla menos ella, a las doce en punto de la noche la pantalla se fue a negro y el triunfo de la jornada de paro fue ya, a partir de ese momento, indiscutible.

Ese día los responsables de TVE habían decidido adelantar la emisión de la tercera edición del Telediario con el fin de entrar en el 14-D con una programación previamente grabada que conjurara cualquier sobresalto. Como la confianza era mucha y el orgullo de la Miró, infinito, a las cero horas del 14 de diciembre el informativo seguía en el aire. En ese momento, ironías del destino, se emitía un vídeo firmado por la redactora de Economía, Carmen Alonso, en el que se hablaba de como RTVE garantizaba la puesta en antena de toda la programación informativa. Las medidas se habían tomado entre los periodistas y los técnicos del "Pirulí", pero nadie pudo evitar que los trabajadores del principal repetidor de la red de enlaces, tiraran de la palanca que dejaba al país, por vez primera en la historia, sin la señal de la primera cadena y de la segunda, el llamado UHF que también se fue a negro aquella larga noche de nervios y tensión.

Cuando los espectadores contemplaron aquel apagón, decidieron que al día siguiente era mejor no arriesgarse a salir a trabajar. La huelga triunfó plenamente en aquel momento y por aquella causa. Seguramente su incidencia hubiera sido de todas formas muy alta, pero los sindicatos jamás soñaron con ese regalo que les vino providencialmente desde Navacerrada como el más eficaz de los piquetes en auxilio de la propaganda de Antonio Gutiérrez y Nicolás Redondo.

Aquello ya es historia. Fue la primera huelga general contra un Gobierno del PSOE que, por cierto, nunca perdonó aquello, máxime cuando procedía de antiguos compañeros que ahora salían a la calle en contra del Ejecutivo que presidía Felipe González. Los dramas fueron como aquellos de magnitud mejicana retratados por Buñuel: desgarros familiares, rupturas afectivas entre amigos de toda la vida y, sobre todo, la apertura de una brecha insalvable entre el Partido Socialista Obrero Español y el que era su sindicato de toda la vida, la Unión General de Trabajadores. Soy de los que piensan que los pulsos se echan, únicamente, para ganarlos y aquel órdago se saldó con una victoria sindical en toda regla.

España fue aquel 14-D un páramo desierto donde paró hasta el reloj de la Puerta del Sol. Sólo "El Corte Inglés" (en una prueba de fortaleza empresarial realmente admirable), mantuvo abiertos sus centros aquel día de cierres echados y persianas caídas. Lo que vino después, la manifestación en el centro de Madrid, no fue sino el corolario de una advertencia al Gobierno que se cobró no pocas víctimas políticas y transformó para siempre el papel de las organizaciones sindicales en este bendito país.

La llegada al poder del Partido Popular vino inmediatamente acompañada por una sorprendente luna de miel entre el Gobierno y los sindicatos. Hay que reconocerle a Javier Arenas, primer ministro de Trabajo de José Mª Aznar, su excelente labor de acercamiento, sonrisas y comprensión tanto a UGT como a CC.OO. Muy lejos de su talante "cañero" actual, Arenas actuó de componedor y "pasteleó" acuerdos entre los trabajadores, los empresarios y el Gobierno, que garantizaron la paz sindical y convertían en sorprendentes las acarameladas sonrisas de los sindicatos cada vez que acudían a sede oficial. Por decirlo pronto y en lenguaje llano, el Ejecutivo tuvo la impresión de que los sindicatos "le comían en la mano" y ni por un instante pudieron pensar siquiera en la posibilidad de una huelga general como la que ahora se dibuja en el horizonte cercano del 20-J.

La reforma de las prestaciones por desempleo ha sido el detonante de una acción contundente cuya envergadura total se verá en la víspera de la celebración en Sevilla del Consejo Europeo que pondrá fin al semestre de presidencia española de la UE. Ese día, mientras llegan hasta la capital hispalense las delegaciones de los quince, España pretende ser, en deseo de los sindicatos, el páramo repetido del 14-D. Cándido Méndez y José María Fidalgo, ya han dicho que la única forma de que se desconvoque el paro, es la retirada del plan del Gobierno avalada, además, por una conversación entre ellos dos y el presidente Aznar en la Moncloa. El Gobierno, por su parte, ha respondido que todo se puede hablar, pero que no piensa retirar su proyecto porque sería tanto como traicionar su compromiso electoral en lo que a la reforma del marcado de Trabajo se refiere. Las espadas están en alto y ante esto sólo cabe preguntarse en voz alta ¿qué va a pasar el 20-J?

Lo previsible es que la huelga tenga un menor seguimiento que la del 14-D, porque el ambiente es diferente y la temperatura del país no alcanza en la calle la fiebre de aquel primer paro. A pesar de eso puede ser un éxito y será capaz, seguro, de paralizar sectores claves del país. La convocatoria sindical, de eso no cabe ninguna duda, se notará. El altavoz que ofrece plantearlo en la víspera de la reunión de Sevilla es algo que desespera al Gobierno y que, evidentemente, no será lo mejor para nuestra imagen en el exterior. Ese es el efecto que, desde su lógica, pretenden UGT y CC.OO. para que la protesta tenga la trascendencia y el eco que esperan. Prepárense porque de aquí al 20 de junio, no-se-va-a-hablar-de-otra-cosa. Artículos, tertulias, análisis, declaraciones, comparecencias públicas... la artillería pesada (nunca mejor dicho) en los dos campos se prepara con fruición porque nadie va a dar su brazo a torcer.

¿Servirá para algo o después de la cumbre cada cual estará donde solía? Lo veremos. Falta un mes que puede ser uno de los más largos que se recuerdan últimamente. El cálido verano de 2002 pretende emular el duro invierno de 1988, pero da la impresión de que la "sensación térmica", como diría Florenci Rey, es diferente en esta ocasión. Lo veremos.

Página Principal  Huelga General  Contacta con Nosotros