Cándido Méndez : "No van a ser posibles nuevos acuerdos sociales tras la huelga"

Entevista realizada en "El Periódico de Catalunya" el 16 de junio de 2002

-- ¿Usted ve a José María Aznar inquieto por la huelga general?

--No sé si está inquieto o no. Pero parece que la fecha de la convocatoria es lo que desencadena su furia. Es probable que ponga más énfasis en la fecha que en la huelga en sí misma. Parece que le hemos aguado su fiesta política personal, ya que tenía diseñada su presidencia como una operación política de autoensalzamiento. Ahora se siente en la incomodidad de tener que justificar la huelga. Él pretende irse a otro destino: la presidencia del Consejo Europeo, pero estable, no de turno como ahora.

--¿La inspiración del decreto de reforma del desempleo viene del Ministerio de Trabajo o de Economía?

--Bueno, el decreto hay que enmarcarlo dentro del modelo de estabilidad presupuestaria y rebaja de impuestos que preconiza el Gobierno. El decreto no es una decisión de política social sino económica. Pero Aznar es el responsable. Se utilizarán todos los recursos del Inem, no sólo el superávit, para compensar la rebaja de impuestos directos a los perceptores de rentas altas.

--¿El Gobierno podría intentar reformar ahora por decreto ley el sistema de negociación colectiva?

--La lucecita de alarma la ha encendido el presidente de la patronal, José María Cuevas. Cuando se produjo este último decretazo, advirtió de que esta fórmula sentaba un malísimo precedente para otras decisiones. Estaba apuntando a la negociación colectiva. Puede que el decreto del desempleo empeore en la tramitación parlamentaria. Que nadie se haga ilusiones. Puede incluso que Aznar intente meter una reforma de la negociación colectiva aprovechando el trámite del decreto como proyecto de ley. Pero esto sería una mala idea.

--Aznar dice que usted tenía ganas de convocarle un paro general desde el 2000.

--Sí. Llevo preparando la huelga desde que tenía babero, cuando estaba en párvulos allá por 1956. Lo que dice Aznar es una tontería. El presidente incurre en manía persecutoria contra la UGT. Falta deliberadamente a la verdad o le han asesorado mal. El Gobierno tuvo la desfachatez de decir que había incorporado gran parte de las aportaciones sindicales al decretazo de reforma laboral del 2001. Fue cuando vimos el cambio de talante en el diálogo social y empezamos a hablar de huelga general. El Gobierno no plantea la negociación con los sindicatos en un plano de igualdad sino que la utiliza como una fórmula de acompañamiento al Gobierno. Aznar es el que le tiene ganas a la UGT y a los trabajadores.

--¿Qué consecuencias tendrá la huelga?

--Las huelgas dejan huella social. Las consecuencias serán un deterioro en el diálogo. Aznar dentro de su ceguera no percibe que su credibilidad está en el alero porque este Gobierno predica lo contrario de lo que pretende. El Ejecutivo ha dejado muy maltrecho el diálogo social. Primero lo desgarró con la reforma del despido y ahora lo ha pisoteado. No van a ser posibles nuevos acuerdos tras la huelga. Está haciendo un uso demagógico de la negociación. Pero nosotros vamos a acudir cuando nos convoquen.

--¿Cuánto se juegan los sindicatos en este paro general?

--Nosotros nos jugaríamos mucho más si no hubiéramos tomado esta determinación. La huelga va a ser un éxito y no lo digo como un juicio de valor. Lo sé porque voy a asambleas. Los españoles no se han tragado lo de "España va bien".

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