Aznar no asume las consecuencias de la Huelga General

El discurso (cínico y demagógico) de Aznar,
en el Debate sobre el estado de la Nación,
no se corresponde con la realidad de este país

15 de julio de 2002

El discurso de José María Aznar, en el Debate sobre el estado de la Nación, ha sido cínico, demagógico y mentiroso. Demuestra que el presidente del Gobierno sigue sin asumir las consecuencias de la Huelga General del 20-J contra el “Decretazo”, en la que 10 millones de trabajadores expresaron el rechazo a esta política de recortes y de eliminación de derechos. La España de Aznar no se corresponde con la realidad de este país y atribuye a su política económica efectos inexistentes. Cada vez hay más déficit social, han subido los impuestos y nunca ha ofrecido negociación en materia de protección por desempleo.

 

El discurso del presidente del Gobierno, José María Aznar, ha sido cínico, demagógico y mentiroso. Aznar atribuye a su política económica efectos inexistentes:

Æ          La política de la derecha ha sido de recortes sociales, privatizaciones sin liberalizar y déficit cero, a costa de un mayor déficit social.

Æ          Su política fiscal ha supuesto un incremento de los impuestos. Las reformas fiscales han sido contra el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), impuesto molesto para Aznar porque es el único que tiene ciertas dosis de justicia tributaria. Desde 1996 ha ido disminuyendo su capacidad recaudatoria.

Æ          Es un discurso cínico y mentiroso cuando habla de una negociación que nunca se ofreció ni existió. Además, la convocatoria de la Huelga General se realizó el 3 de junio, después de la aprobación del “Decretazo” en el Consejo de Ministros del 24 de mayo. Las medias verdades son peores que la mentira.

Aznar sigue sin asumir las consecuencias de la Huelga General del 20-J, en la que 10 millones de trabajadores rechazaron su política de recortes y de eliminación de derechos. Ha optado por la autocomplacencia para cubrir las grietas de su política.

Empleo y paro

Ajeno al último ciclo de evolución del empleo, el Presidente del Gobierno continúa ignorando la desaceleración económica producida, lo que se está traduciendo en una caída del nivel de empleo. Si en el año 2000 la ocupación creció por encima del 4%, en el año 2001 sólo lo hizo un 2% de media y este año la situación puede empeorar. En el discurso del Presidente la realidad del último año no aparece, o cuando lo hace está groseramente alterada hasta el punto de convertirla en irreconocible. Si a ello sumamos la pérdida de calidad del empleo que se crea, directamente relacionada con la reforma laboral de 2001 (que puede verse agravada con algunas medidas contenidas en el “Decretazo”) entenderemos mejor el aumento de la temporalidad y el encadenamiento abusivo de contratos temporales.

En cuanto al desempleo, la misma conducta pero más grave. Aznar presenta el paquete de recorte de prestaciones, de abaratamiento del despido y de eliminación de derechos que contiene el “Decretazo” como una propuesta para “modernizar el sistema de desempleo” y con esas bases, pretende, aunque tímidamente y de forma imprecisa y vaga, reconducir el diálogo social. Con mucha timidez (¿o mucha cara?) debería actuar porque resulta impresentable dirigirse a los sindicatos para ofrecerles concertación a la vez que aprueba el “Decretazo” e ignora (escondiendo la cabeza bajo el ala) la dimensión de la Huelga General del 20-J. Todo un ejemplo de intolerancia que le sitúa como uno de los presidentes más reaccionarios del actual panorama europeo. El discurso de Aznar confirma las palabras de los dirigentes de UGT y Comisiones Obreras cuando criticaban el abandono por parte del Gobierno de las “reformas pactadas y equilibradas y los objetivos de estabilidad en el empleo y protección social”. ¿Alguien ha escuchado al Presidente iniciativas para incrementar la tasa de cobertura a los parados, o para mejorar la situación de los jóvenes parados, (que no sea de forma indigna y precaria) de las mujeres o de los mayores de 45 años?

Miente Aznar, al acusar a los sindicatos de rechazar tres veces la negociación sobre el “Decretazo”. Jamás el Gobierno quiso negociar la reforma del Sistema de Protección por Desempleo y únicamente buscó el aval sindical para aprobar unos recortes de prestaciones y de derechos que ni ahora ni nunca podrá obtener.

Reforma fiscal para ricos

Especialmente inaceptable resulta la política fiscal del Gobierno. En su intervención, Aznar ha vuelto a presentar su nueva reforma fiscal como una “bajada generalizada de impuestos”, que queda muy bien y puede ser vendida en clave electoral, manipulando y/o ocultando la realidad. La presión fiscal en España ha crecido casi 2 puntos de PIB desde 1996. No es cierta la afirmación sobre una bajada de impuestos. Pero todavía más importante; en este corto periodo de tiempo ha cambiado su estructura interna estableciéndose una posición hegemónica de la imposición sobre el consumo, lo que perjudica a las personas con menor renta. A su vez, la pérdida de recaudación provocada por las reformas del IRPF e Impuestos de Sociedades ha provocado nuevos incrementos en la imposición sobre el consumo y recortes en el gasto social.

Por otro lado, nada dice Aznar de que esta reforma fiscal (innecesaria, inoportuna e injusta) ha concentrado como mínimo el 20% de las rebajas (1.200 millones de euros anuales) en tan sólo el 1% de los contribuyentes (135.000 personas), precisamente los más ricos.

Servicios públicos y protección social

El presidente del Gobierno cree que la sociedad española está muy satisfecha de su política hacia los servicios públicos. La LOU o el proyecto de Ley de Calidad vuelven a ser presentadas como reformas modernizadoras de la enseñanza, pasando por encima de la masiva respuesta de toda la comunidad educativa a su política. El fuerte descrédito de la ministra de educación que incomprensiblemente sigue al frente de su ministerio (quizás para no tener que dar la razón a quienes han cuestionado la política educativa, en un caso similar al ministro de Trabajo) así lo demuestra. Situación similar al creciente deterioro de la sanidad que, esta vez sí, ha provocado el cambio de titular en el Ministerio, pero que Aznar presenta como “un nuevo impulso”, viene a encender la luz de alarma sobre la devaluación de la red de servicios públicos en beneficio de la iniciativa privada.

Más sospechoso, si cabe, es su silencio sobre el futuro de la protección social en España (ligera alusión a las pensiones) que, a tenor de las reformas emprendidas en el sistema de desempleo, añade un elemento más de intranquilidad.

En definitiva, para UGT es un discurso plano, sin dimensión social y ajeno a las demandas de los colectivos más desfavorecidos, que vuelve a recrearse en la autocomplacencia y en una idea de país sin entronque con la realidad social, política y económica.

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