Las distintas caras de la pobreza
Amartya Sen (premio Nobel de Economía en 1998)
Diciembre de 2000. Artículo publicado en el
nº 197 de la revista "unión", en su página 40
Es
más convincente medir el progreso por la reducción de las privaciones que por
el enriquecimiento aún mayor de los opulentos. No podemos alcanzar realmente
una comprensión adecuada del futuro sin tener una idea sobre si la vida de los
pobres puede mejorar. ¿Hay esperanza para los pobres? Para responder a esta
pregunta deberíamos comprender a quiénes se debería considerar pobres. Algunos
tipos de pobreza son bastante fáciles de identificar. Pero las privaciones
pueden tomar muchas formas diferentes. La pobreza económica no es la única que
empobrece la vida humana.
Para
identificar a los pobres debemos tener en cuenta, por ejemplo, la privación de
los ciudadanos de regímenes autoritarios, desde Sudán a Corea del Norte, a los
que se niegan la libertad política y los derechos civiles. Y debemos entender
las tribulaciones de las mujeres que se ocupan de las tareas domésticas en las
sociedades dominadas por los hombres, comunes en Asia y África, que llevan una
vida de docilidad no cuestionada; de los niños analfabetos a los que no se les
ofrece oportunidad de ir a la escuela; de los grupos minoritarios que tienen
que acallar su voz por temor a la tiranía de la mayoría.
Aquellos
a quienes les gusta el camino recto tienden a resistirse a ampliar la
definición de pobreza. ¿Por qué no mirar simplemente los ingresos y plantear
preguntas como "cuántas personas viven con menos de, digamos, uno o dos
dólares diarios"? Este análisis restringido toma entonces la forma
sencilla de predecir tendencias y contar a los pobres. Pero las vidas humanas
se pueden empobrecer de muchas maneras. Los ciudadanos sin libertad política
-ya sean ricos o pobres- están privados de un componente básico del buen vivir.
Lo mismo se puede decir de las privaciones sociales como el analfabetismo, la
falta de sanidad, la atención desigual a los intereses de las mujeres y las
niñas, etcétera.
Tampoco
podemos olvidar los vínculos entre las penurias económicas, políticas y
sociales. Los partidarios del autoritarismo plantean una pregunta equívoca:
"¿Conduce la libertad política al desarrollo?", pasando por alto el
hecho de que la libertad política es parte del desarrollo. En respuesta a la
pregunta equivocadamente planteada, dan una respuesta equivocada: "El
crecimiento del PIB es mayor en los países no democráticos que en los
democráticos". No hay estudios empíricos extensos que confirmen esta
creencia. Ciertamente, Corea del Sur quizás haya experimentado un crecimiento
rápido antes del restablecimiento de la democracia, pero no así la menos
democrática Corea del Norte. Y la democrática Botsuana creció mucho más rápido
que las autoritarias Etiopía o Ghana.
Además,
el crecimiento del PIB no es la única cuestión económica de importancia.
Reducir las privaciones políticas puede ayudar a disminuir la vulnerabilidad
económica. Hay, por ejemplo, considerables pruebas de que la democracia, así
como los derechos políticos y civiles, puede ayudar a generar seguridad económica,
dando voz a quienes sufren de carencias y a los vulnerables. El hecho de que
las hambrunas se produzcan sólo en regímenes de Gobierno autoritario y militar,
y de que nunca se haya producido una gran hambruna en un país democrático y
abierto (aun cuando ese país sea muy pobre), ilustra sencillamente el aspecto
más elemental del poder protector de la libertad política. Aunque la democracia
india tiene muchas imperfecciones, los incentivos políticos generados por ella
han sido, no obstante, adecuados para eliminar las hambrunas de la época de la
independencia, obtenida en 1947 (la última, que yo presencié de niño, fue en
1943).
En
cambio, China, a la que le fue mejor que a India en diversos aspectos, como la
expansión de la educación básica y la sanidad, sufrió la mayor hambruna
registrada de la historia en 1952-1962, con una cifra de muertos calculada en
30 millones de personas. Ahora mismo, los tres países con hambrunas continuadas
están en las garras de un Gobierno autoritario y militar: Corea del Norte, Etiopía
y Sudán.
De
hecho, el poder protector de la democracia para proporcionar seguridad se
extiende mucho más allá de la prevención de las hambrunas. Los pobres de Corea
del Sur o Indonesia quizá no dieran mucha importancia a la democracia cuando
las fortunas económicas de todos parecían aumentar y aumentaban juntas. Pero
cuando llegó la crisis económica (y cayeron divididas), aquéllos cuyos medios
económicos y cuyas vidas fueron inusualmente golpeados echaron desesperadamente
de menos los derechos políticos y civiles. La democracia se ha convertido en
una cuestión básica en estos países: Corea del Sur, Indonesia, Tailandia y
otros muchos.
Es
posible que la democracia, que es valiosa por derecho propio, no sea siempre
especialmente eficaz desde el punto de vista económico, pero adquiere su
importancia cuando la crisis amenaza y los económicamente desposeídos necesitan
la voz que la democracia les da. Entre las lecciones de la crisis económica
asiática se encuentra la importancia de que existan redes sociales de
seguridad, derechos democráticos y voz política. Las privaciones políticas
pueden aumentar la miseria económica.
Para
contemplar un tipo diferente de interconexión, la experiencia positiva del
sureste de Asia aporta suficientes pruebas de que la eliminación de las
privaciones sociales puede influir mucho en la estimulación del crecimiento
económico y en el reparto más uniforme de los frutos del mismo. Si India no
evolucionó adecuadamente, la culpa no la tiene sólo la supresión de las
oportunidades de mercado, sino también la falta de atención a la pobreza
social. India ha cosechado lo que sembró al cultivar la educación superior (su
floreciente industria de soporte lógico informático es consecuencia de ello),
pero el país ha pagado por dejar en el analfabetismo casi a la mitad de la
población. La pobreza social ha ayudado también a perpetuar la pobreza
económica.
Si
tengo esperanza en el futuro es porque veo la exigencia cada vez más manifiesta
de democracia en el mundo y la convicción cada vez mayor de que la justicia
social es necesaria. La democracia está recuperando parte del terreno perdido
en Asia, Latinoamérica e incluso en África. La igualdad entre sexos y la
educación básica están empezando a recibir mayor atención en India, Bangladesh
y en todo el mundo. No tengo una esperanza incondicional, sino condicional; sin
embargo, debemos tener una perspectiva de la pobreza suficientemente amplia
como para asegurarnos de que los pobres tienen una razón para la esperanza.