Hay incompatibilidad radical entre
globalización económica y Derechos Humanos

Al igual que en el caso de Oskar Lafontaine, unión también ha aprovechado esta gran oportunidad para conversar con el Premio Nobel de Literatura portugués José Saramago, antes de que participase en la última Conferencia del ciclo "Literatura y Compromiso Social". En esta entrevista hemos podido conocer su visión sobre la evolución de nuestra sociedad. Una visión pesimista (pero, también, como él incansable y tenaz, en la que reivindica la gran batalla del siglo XXI. La batalla definitiva en favor de los Derechos Humanos

Entrevista publicada en el nº 196 (julio-agosto de 2000) de la revista "unión", en sus páginas 24 y 25.

unión: A pesar de todos los cambios acaecidos en el mundo y en nuestras respectivas sociedades, ¿cree usted posible la recuperación de aquel "iberismo" que se apreciaba en ciertos ambientes de nuestros países, en las primeras décadas del siglo XX?

José Saramago: Esto ha terminado, no creo que se pueda recuperar. El "iberismo" tal y como lo entendíamos antes, difícilmente se puede concebir hoy en día, entre otras razones porque España tiene múltiples problemas para organizarse dentro de sí misma, por ejemplo con Cataluña y con el País Vasco. Un ideal "iberista" añadiría otra complicación más.

Nos tenemos que apoyar más bien en la estructura de la Unión Europea. Yo intenté preservar y reintroducir, hace ya unos años, el concepto de "transiberismo", basado en una relación nueva, distinta, más constructiva y respetuosa, incluyendo en este concepto a todos los países iberoamericanos. Pero llevar este concepto a la práctica hubiera podido ser también difícil, pensando en las dictaduras vividas en España y Portugal y también en las de los países latinoamericanos.

¿Se mide hoy todo con parámetros economicistas?

Le voy a dar un ejemplo: en Brasil la seguridad privada emplea a casi un millón y medio de personas. El doble que las policías de los veintisiete estados de Brasil.

El Estado tiene cada vez menos responsabilidad y cada vez más intervención de lo que llamamos la iniciativa privada. Si pensamos en los hospitales, las pensiones etc. ¿qué podría pasar?. Nos podemos preguntar para qué sirven los Estados, y los impuestos que se pagan, si los Estados no cumplen con sus obligaciones de manera satisfactoria.

El "iberismo" está abandonado, el Estado se "privatiza" y la globalización avanza implacable, generando una sociedad apática, indiferente y, sobre todo, individualista, ¿cómo se podría combatir esta evolución social?

Yo creo que no es la globalización la que está convirtiendo a la sociedad en algo particularmente indiferente.

En mayo del 68 los chicos y las chicas de entonces tenían 18 años y ahora tienen 50, sería muy instructivo saber que hacen actualmente. Estoy seguro de que nos encontraríamos con muchísimas sorpresas.

En realidad, lo que pasa es que las multinacionales se han convertido en el Gobierno real de este momento. Los gobiernos que están ahí son instrumentos y comisarios del poder real. El poder real no es democrático, ¿alguna vez COCA-COLA se ha presentado en las elecciones?, éste es de verdad nuestro problema…

El poder real se llama Bill Gates, o GENERAL MOTORS, o MITSUBISHI, o COCA-COLA,… pero no nuestros gobiernos centrales y locales que sólo tienen una responsabilidad limitada.

Por eso nos están engañando, la ciudadanía está hipnotizada con el consumismo.

Y los medios de comunicación no funcionan. No denuncian estas cosas. Basta con mirar los titulares de un periódico. Hoy en día tenemos un problema con los medios de comunicación y también tendríamos que plantearnos para qué sirven de verdad, y si no se están comportando como meros instrumentos para tranquilizar a la sociedad. ¿Quién tiene la valentía de la protesta en una sociedad como está?

Entonces,… ¿cómo sería su sociedad ideal?. ¿Qué se puede hacer para llegar a ella?

Mire siempre nos estamos preguntando los unos a los otros y en particular a los artistas y a los escritores se nos pregunta mucho, ¿qué se puede hacer?.

Es decir, yo doy una entrevista y digo unas cuantas cosas y también digo más cosas en otros sitios o escribo un libro o publico un artículo, después los lectores que me encuentro por la calle me dicen que lo he hecho muy bien y que están de acuerdo conmigo. Pero me pregunto de veras qué es lo que yo puedo aportar a la gente.

Yo lo que les diría a todos, pero sobre todo a los partidos de izquierda, es lo siguiente: metan sus programas y propuestas en un cajón, tiren la llave y comprométanse con la defensa de la Carta de los Derechos Humanos. En este momento es lo que más necesitaríamos.

En 1998 se celebró el 50 aniversario de la Carta de los Derechos Humanos. ¿Y, qué ha pasado?. Mucho Congreso, mucho simposio, mucho cartel, todo era producto de imagen y al año siguiente no ha pasado nada. Habrá que esperar todavía otros 48 años más para que, cuando llegue el centenario, se celebren otra vez los congresos, los simposios, etc.

Vivimos de una forma totalmente hipócrita porque cuando se estaba celebrando todo esto nadie se lo creía, de lo contrario al día siguiente hubiéramos bajado todos a la calle a reivindicar los Derechos Humanos.

A lo mejor estoy equivocado, porque me equivoco muchas veces, pero la batalla que merece la pena llevar a cabo ahora en el siglo XXI es la batalla por los Derechos Humanos.

Yo he dicho más de una vez que el gato de la globalización se tragará al ratón de los derechos humanos. Nos tenemos que despertar de esta indolencia, de este sueño, de esta apatía mortal, porque hay una incompatibilidad radical entre globalización económica y Derechos Humanos. Si no se consigue nada, la Carta de los Derechos Humanos pasará a la Historia como ha pasado el descubrimiento de América.

Y desde su punto de vista, ¿cuál podría ser el "clavo ardiendo" al que agarrarnos, para mantener una disposición de lucha social frente a las brutales desigualdades de la globalización?

Cuando digo que los partidos políticos pongan en un cajón sus problemas y sus propuestas y que hay que luchar para que se cumpla la Carta de los Derechos Humanos, creo que esa es la batalla definitiva que hay que librar en este principio de siglo. Creo que ese podría ser el clavo al que se refiere.

Hablemos ahora de la Educación, presente y futura, de nuestros jóvenes. ¿Para qué considera usted que sirve el conocimiento y estudio de la Historia?

Sí se enseña la Historia, pero lo que entendemos por enseñanza de las Humanidades está mal impartido. Porque se enseña sólo para aprobar y sabemos que, hoy en día, es fácil aprobar sin saber nada o casi nada.

El fondo del problema está ahí, porque debería servir para algo más, pero estamos en una sociedad en la que los chicos saben que si no triunfas eres un imbécil y ¿qué utilidad tienen la Historia, la filosofía o la literatura para triunfar?. La sociedad sólo te pregunta si sabes trabajar con un ordenador, entonces tienes o puedes tener un puesto de trabajo.

Pero, el ordenador, internet, las nuevas tecnologías de la información pueden ser instrumentos valiosos para el progreso social y pueden servir al interés común. Todo depende de cómo y para qué se utilicen. En ese sentido, ¿qué cambios deberían introducirse en el proceso educativo para que las nuevas tecnologías de la información se considerasen por los ciudadanos como instrumentos valiosos para todos?

Efectivamente, todo puede ser valioso y yo no puedo despreciar las nuevas tecnologías; es decir, en el fondo lo que cuenta no es el cambio del medio, del instrumento, sino el cambio de mentalidad. Estamos llegando al final de una civilización, es otro tipo de ser humano el que se está preparando.

Y ya para finalizar. Usted ha manifestado "escribo para comprender el mundo". ¿Es cada vez más difícil comprenderlo?

Como he dicho antes yo intento comprenderlo, pero antes era más fácil, todo era más sencillo. Dios estaba en el Cielo, donde iban a parar los buenos y el Infierno estaba destinado a los pecadores. Ahora las cosas no están tan claras, ¡¡el propio Papa ha dicho que ya no hay Cielo ni Infierno!!.

Ahí, quizás, se haya equivocado. Porque sabemos que no hay Cielo, pero el Infierno está en este mundo, está en el lugar donde vivimos. Esto sí que es el Infierno para millones de personas. Por eso hay que ser crítico, hay que reaccionar, hay que moverse; pero, de momento, no es el caso. Nadie se está haciendo las preguntas adecuadas.

 

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