Triple fracaso en Estados Unidos
JACQUES NIKONOFF es antiguo agregado financiero en
Nueva York y representante de la Caja de Depósitos en Estados Unidos;
presidente del movimiento “Un Trabajo para cada uno”. Autor de "Chômage:
nous accusons!" (Editions Arlés, 1998) y de "La Comédie des fonds de
pension"(Editions Arlès, 1999)
Artículo publicado en Le Monde Diplomatique
(edición México). Febrero de 1999
En
su discurso ante el Congreso el 19 de enero, el presidente Clinton propuso
invertir en Bolsa una parte de los fondos públicos destinados a las jubilaciones,
para incrementar su rendimiento. Esta idea no ha tardado en sobresaltar a Alan
Greenspan, presidente de la Reserva federal norteamericana que, habida cuenta
de la cotización ya elevada de las acciones, ha encontrado tal proyecto muy
imprudente para los futuros jubilados.
Una
formidable campaña de propaganda a escala mundial, intenta enloquecer a los
ciudadanos caricaturizando la situación financiera de los sistemas de
jubilaciones por distribución. La razón verdadera es que los mercaderes de servicios
financieros tienen un nuevo producto para vender, los fondos de pensiones,
cuyas virtudes casi milagrosas permitirían de manera simultánea resolver las
dificultades supuestas de financiación de esos sistemas de jubilaciones y
aportar el capital que le faltase a las empresas para crear empleos. Este
elixir de la eterna juventud es en realidad un producto adulterado, como lo
prueba el triple fracaso de los fondos de pensiones norteamericanos, modelo que
se intenta imponer ahora en Francia.
En
primer lugar, fracaso social, por el agravamiento de las desigualdades. No sólo
es débil la proporción de los asalariados cubiertos por un fondo de pensiones,
sino que ha descendido: el 53% en 1987 y el 40% en 1995 (1). El montante de la
jubilación se fija cada vez menos por anticipado y se determina cada vez más en
función de los resultados aleatorios de los mercados financieros: en 1989, el
28% de los asalariados estaba cubierto por un fondo de prestaciones definidas
(2); en 1995, sólo alcanzó al 19% (3). Los de los PME resultan particularmente
desfavorecidos : en 1991, el 15% de las empresas con efectivos inferiores a 500
personas disponía de un fondo de pensiones. Para las de menos de 25
asalariados, la población cubierta cae al 6,2%. El montante de las pensiones es
tan débil que el 57% de las personas de más de 62 años está obligado a trabajar
todavía (4). Los índices de relevo (relación entre el último salario pagado y
el montante de la pensión), sin contar Seguridad social y para treinta años de
ancianidad, son especialmente débiles: del 29% al 37%.
Seguidamente,
fracaso financiero, puesto que los fondos de pensiones son ingredientes
considerables de la inestabilidad financiera mundial, el 43% de su activo, es
decir, 5 billones de dólares está constituido por acciones. Sus aporte masivos
de capitales, tanto en Estados Unidos como en las Bolsas de otros países,
entrañan, efectivamente, una sobrevaloración artificial de las cotizaciones y
crean una “burbuja”·financiera especulativa. Paradójicamente, los resultados de
los fondos de pensiones norteamericanos son mediocres: en el período 1968-1983,
los más importantes de éstos (activo superior del 0,3% (índice de retorno.
6,8%, índice de inflación: 7,1%). De este modo, 1 dólar invertido por
asalariado en 1968 en su fondo de pensiones sólo valía, quince años después, en
equivalente a poder de compra, 96 céntimos (5). En el período que va de 1926 a
1994, el rendimiento real de las acciones fue sólo del 4,46% (6). desde luego
ha aumentado desde entonces, por la "exuberancia irracional de los
mercados", por emplear el lenguaje del presidente de la Reserva Federal,
pero, ¿por cuánto tiempo? Conviene saber que el 95% de los gestores de carteras
no consiguen "batir el mercado..." (7).
Por
último, fracaso económico: los fondos de pensiones no tienen ningún impacto
positivo en la economía real. Las masas financieras que fabrican no han
cambiado nada en materia de empleo y, en estos treinta últimos años, la
economía norteamericana no ha sido esencialmente más eficaz que la italiana, la
alemana o la francesa, países en los que no existen los fondos de pensiones.
Desde 1959 a 1997, en dólares corrientes, su activo financiero pasó de 17 mil
millones de dólares a cerca de 5 billones de dólares. Ahora bien, la sociedad
norteamericana era floreciente en 1950, estaba en crisis en 1987 y, pese al
crecimiento económico de los 90, las desigualdades no han cesado de agravarse.
En
1997, en Estados Unidos, los fondos de pensiones poseían en total, el 50% de
todas las acciones cotizadas, frente al 1% solamente en 1950. Basta con este
dato para dudar de la relación automática que algunos pretenden descubrir entre
su existencia, la inversión en particular en los PME-PMI, el crecimiento
económico y el empleo. Hay que recordar, no obstante, que, en Estados Unidos,
se crean proporcionalmente menos empresas con los fondos de pensiones que en
Francia sin fondos de pensiones: en 1996, 842.357, en un caso (8), 275.286, en
el otro (9). Con una población cuatro veces menor, Francia creó, pues, proporcionalmente
un 30% más de empresas que Estados Unidos. En cuanto a su índice de
supervivencia, es idéntico: 50% en cinco años.
Si,
pese a todo, los PME norteamericanos reciben treinta veces más capital que sus
homólogos franceses, se debe a que muchas de las inversiones que se realizan en
este campo tienen un carácter "político": provienen en amplia medida
de fondos de pensiones públicos locales (bomberos, policías, profesores,
personal municipal...). Obedecen a consideraciones de desarrollo local (compra
de obligaciones locales, acciones de las empresas cotizadas locales, sostén a
los PME, a la construcción, etc.) y no a la rentabilidad financiera en
exclusiva; esas inversiones se hacen "bajo el mercado" (10).
El
ejemplo de Estados Unidos, invocado constantemente para las necesidades de la
causa, pero, se comprende por qué, raramente analizado y valorado todavía
menos, prueba claramente que la voluntad de crear fondos de pensiones en
Francia y en otros países sólo persigue un objetivo: transferir hacia los asalariados
los riesgos financieros soportados antaño por los Estados y las empresas. En
otras palabras: endeudar el montante de las jubilaciones a los
"resultados" de los mercados financieros. Lo que supone instaurar una
"deseguridad" deliberada, organizada y planificada, nociva en el
plano social y económico.
(1) Board of Governors of the Federal Reserve
System, Survey of Consumer Finances, Washington, 1997.
(2)
En un fondo de prestaciones definidas, el montante de la jubilación se fija con
antelación: el Estado o la empresa asume el riesgo financiero. En un fondo de
cotizaciones definidas, el montante de la jubilación depende de los resultados
de la gestión financiera: el riesgo financiero entonces corre a cargo del
asalariado.
(3) Survey of Consumer Finances, op. cit.
(4) Employes Benefit Research Institute, Ebri
Data Book, 4ª edición, Washington, 1997.
(5) U.S. Department of Labor, Trends in
Pensions, Washington, 1999.
(6) Laurence B. Siegel y David Montgomery,
"Stocks, Bonds and Bills after Taxes and Inflation", The Journal of
Portfolio Management, invierno de 1995.
(7)
"Batir el mercado" significa, para un gestor de cartera (institución
financiera particular que gestiona el dinero de los fondos de pensiones),
obtener un rendimiento superior al rendimiento medio del mercado (en general,
calculado a partir del índice S&P 500).
(8) Small Business Administration, The State
of Small Business. A Report of the President, Washington, 1998.
(9)
Fuente: Agencia para la gestión de empresas (APCE).
(10) Invertir "bajo el mercado" significa
comprar acciones cuyo rendimiento previsible sea inferior al índice de
crecimiento medio del mercado. Este comportamiento puede equipararse con el e
las personas que colocan una parte de su ahorro en la Libreta A de la Caja de
Ahorros. En ambos casos, la seguridad y/o la utilidad social prevalecen ante la
perspectiva de ganancias superiores.