Empleo trabajo y sindicatos en la
nueva economía global
Manuel Castells, Profesor de investigación en el Instituto de Estudios
Sociales Avanzados (CSIC) de Barcelona.
Octubre de 1996
Las
nuevas tecnologías ni crean ni destruyen empleo: lo transforman, dependiendo de
la forma en que se usan en las empresas. Las dos economías más tecnológicamente
avanzadas del mundo, con diferencia, Japón y Estados Unidos, tienen las tasas
más bajas de paro: 3,2% en Japón y 5,1% en Estados Unidos en agosto de 1996. A
pesar de la incorporación masiva de la mujer al trabajo, no hay paro masivo
porque en Japón se mantiene la creación de empleo estable y en Estados Unidos
en los cuatro últimos años se han creado diez millones de nuevos puestos de
trabajo, el 60% de los cuales son de nivel técnico y profesional, con un nivel
de educación superior a la media de la actual fuerza de trabajo. El desempleo
europeo es el resultado del desfase entre la creciente interdependencia
económica en un sistema global y las condiciones europeas de estabilidad del
trabajo y protección social, muy superiores a las existentes en Asia (excepto
Japón) y en Estados Unidos. En una palabra: no se puede jugar en el mismo campo
y al mismo juego con reglas de juego diferentes.
La
economía global iguala hacia abajo
La
integración económica global, con condiciones de productividad similares,
tiende a igualar (hacia abajo) las condiciones sociales y salariales. El
problema no es, por ahora, la competencia directa de productos asiáticos o
norteamericanos exportados a Europa, puesto que su penetración es aún limitada.
El
problema es que las empresas europeas, enfrentadas con costos laborables más
altos que sus competidores, tienden a introducir tecnología para eliminar
trabajo, compran insumos industriales de otros países de menor costo y, cada
vez más, orientan sus inversiones hacia América o Asia. Si Europa quiere
integrarse plenamente en la economía global es muy dudoso que se pueda permitir
la continuación del estado del bienestar actual y de la relativa estabilidad de
empleo. Y no parece realista pensar que los gobiernos y empresas europeas van a
renunciar a dicha integración en los mercados globales.
La
cuadratura del círculo se llama productividad
Ahora
bien, reconocer la fuerza de este argumento no quiere decir que los
trabajadores no tengan otro remedio que aceptar los postulados neo-liberales de
la globalización y resignarse al retroceso de conquistas sociales y poder de
negociación salarial. No estamos en el fin de la historia, con la apoteosis de
un capitalismo salvaje, sino en el principio de una nueva era, en la que el
extraordinario desarrollo tecnológico puede permitir, a la vez, más ganancia
para las empresas y mejores condiciones para los trabajadores: la cuadratura de
ese círculo se llama productividad.
Los
sindicatos son el principal instrumento de los trabajadores
Pero
la elaboración de un nuevo modelo de crecimiento económico y reparto social
debe partir del reconocimiento de donde están los problemas y de la
movilización para plantear, negociar y obtener soluciones. Y aquí es donde el
trabajo y empleo debilitan estructuralmente la posición tradicional de los sindicatos
que, se diga lo que se diga, son, con todos sus límites, los principales
instrumentos con que cuentan los trabajadores, y la población en general, para
la defensa de sus derechos. Lo que las nuevas tecnologías de información y
comunicación permiten es la individualización creciente del proceso de trabajo
y la organización de la producción en red, mediante la utilización sistemática
de subcontratas, de consultarías y servicios especializados, de trabajadores
temporales, a tiempo parcial o a la tarea. Y esto en todos los niveles de
cualificación. La empresa moderna es una red de producción, servicios e
información que se conecta con otras empresas igualmente reticulares, de forma
que cada trabajador recibe una tarea o un salario de forma cada vez más individualizada.
Hacia
la empresa virtual
La
tendencia es hacia la creación de empresas virtuales en las que el proceso de
trabajo se organiza a distancia y por empleadores diferentes. Aunque la mayoría
de las empresas aún utilizan los métodos tradicionales de producción y gestión,
la flexibilidad y productividad del nuevo modelo irá eliminando las empresas
que no entren en las nuevas formas de producción internacional. En esas
condiciones, ¿cómo organizar a los trabajadores, cuyas condiciones de trabajo,
empleo, sueldo y protección social son individualizadas?. Si el trabajo es
local y el capital global, ¿cómo actuar sobre una empresa si la respuesta puede
ser el cierre y la reinversión del capital en otra región, en otro país o en
otro continente?.
Pasar
de los derechos sociales del trabajador, a los del ciudadano
Las
respuestas, tecnológicas, organizativas, estratégicas, a estas preguntas,
existen, y están siendo experimentadas en distintos países. La organización de
los trabajadores debe ser igualmente descentralizada y reticular, debe utilizar
formas organizativas en línea telecomunicada interactiva, debe utilizar
información sobre las relaciones inter-empresas, y debe negociar flexibilidad y
productividad por protección social y estabilidad en el empleo. Probablemente
el Estado del Bienestar debería ser financiado en base al presupuesto general
del estado, por vía impositiva, y no por contribuciones de trabajadores y
empresas, puesto que ello grava la creación de empleo. Habría que pasar los
derechos sociales del trabajador a los derechos sociales del ciudadano.
Dos
prioridades: la mujer y la educación
El
movimiento sindical debería dar un enfoque prioritario a los problemas de la
mujer, particularmente en el sector servicios, pues es el mercado de trabajo
femenino el que, ante la indiferencia práctica de los sindicatos por sus
problemas, suele actuar como ejército de reserva, presionando a la baja las
condiciones laborales. El sistema educativo debe ser redefinido de arriba a
abajo, adaptándolo a las necesidades de un sistema productivo basado en la
capacidad de procesar información. Lo cual implica el desmantelamiento de la
formación profesional, enfocada a las calificaciones requeridas a corto plazo,
y por tanto rápidamente obsoletas, sustituyéndola por una integración entre
educación y trabajo constante a lo largo de la vida profesional.
Reinventar
el movimiento obrero
Si los sindicatos se mantienen negociando en el marco de
la empresa, la globalización o informacionalización de las empresas acabará
desarticulándolos. Los sindicatos sólo pueden sobrevivir, y con ellos la
defensa de los derechos de los trabajadores, planteando un debate social y
político sobre las nuevas formas de organización económica, social y política,
buscando un modelo que garantice la conexión entre productividad,
competitividad, reparto de la riqueza y bienestar social en las nuevas
condiciones tecnológicas. La toma de conciencia de la nueva situación histórica
y un amplio debate a ras de fábrica y de barrio, a partir de información adecuada,
son requisitos indispensables para re-inventar un movimiento obrero (aunque
ahora sean obreros de la información) que corresponda, sin anticuallas, a la
reinvención de sí mismo que ha operado un capitalismo de nueva planta. No para
volver a la lucha de clases, superada por una sociedad mucho más compleja que
la del capitalismo clásico. Sino para recordar a las empresas, al mundo y a
nosotros mismos, que podemos y debemos pasar de vivir para producir y a
producir para vivir.