La izquierda tiene que defender
la dignidad del ser humano
Entrevista al líder
socialdemócrata alemán Oskar Lafontaine, publicada
en el nº 196 de la revista “unión”, en sus páginas 22 y 23
Julio-Agosto de 2000
Con ocasión de la última conferencia del ciclo "Literatura y
Compromiso Social", unión ha tenido la oportunidad de entrevistar en
exclusiva al líder socialdemócrata alemán Oskar Lafontaine. En esta charla nos
da su visión del mercado, de lo que debe ser el futuro de la Unión Europea y de
su retorno activo, a la vida política alemana
unión: Para avanzar en la construcción europea, ¿considera
conveniente recurrir a la denominada "cooperación reforzada"?
Oskar Lafontaine: Lo que hace falta, fundamentalmente, es profundizar en
la cooperación y ampliar la Unión Europea. En este sentido, hace falta reformar
las instituciones europeas (especialmente el "principio de unanimidad")
y también acelerar la cooperación de algunos estados miembros. Esto es
necesario para conseguir una mayor unificación europea.
¿Qué opinión le merecen los resultados de la reciente
"Cumbre de Feira", concretamente en lo relativo a la fiscalidad?. ¿Debe
existir un control político del Banco Central Europeo (BCE)?
En la "Cumbre de Feira" se ha intentado encontrar una
solución para la fiscalidad del ahorro en Europa y después de muchas
negociaciones se ha firmado una declaración general de intenciones de los
Estados miembros, incluida Austria. Pero, desde luego, lo que no se sabe en
estos momentos es cómo va ser en el futuro la fiscalidad del ahorro en Europa,
porque como se suele decir "el demonio siempre está en el detalle".
Existe la intención de someter a imposición las rentas del capital y
eso será muy importante para el futuro de la Unión Europea y para que la
mayoría de las personas acepten esa UE. Porque podría ocurrir que en Europa se
tengan impuestos que gravan el consumo, que gravan las rentas salariales y que
no se graven las cotizaciones a la seguridad social pero que aumenten, mientras
que la fiscalidad del ahorro no existe. Es decir, que puede ocurrir que se
sanciona al que trabaja, a través de la imposición de las rentas salariales y
que se premie a los que ahorran.
En cuanto al BCE, creo que sería bueno que tuviese un estatuto similar
al de Estados Unidos o Gran Bretaña, porque esos estatutos garantizan que el
Banco Central también se tiene que ocupar de crecimiento y empleo. En Europa,
sin embargo, domina una ideología que procede del Bundesbank alemán y de la
"escuela de Chicago", de la escuela monetarista. Y esa lógica viene a
decir que el BCE es sólo responsable de la estabilidad de precios. Yo estoy
convencido de que el BCE tiene una responsabilidad muy importante en pro del
crecimiento y en pro del empleo y por eso pienso que un pacto europeo del
empleo sólo es posible si el BCE se integra en una política común, es decir si
está dispuesto a colaborar. La afirmación ideológica que dice que el BCE no
tiene nada que ver con el desempleo, ni con el crecimiento, es una tontería
económica; pero, en estos momentos, goza de mayoría en el llamado "mundo
de los expertos". Sin embargo, hay que tener en cuenta que las ciencias
económicas siempre se ven influidas por los intereses económicos.
Si queremos evitar que el mercado se imponga al interés
general, ¿cómo será posible convencer a las clases medias de la necesidad de un
sector público fuerte y democrático?
El mercado no puede sustituir la fe en algo, ni la cultura, ni la
filosofía y, por eso, es absurdo decir que el mercado es capaz de asumir una
serie de tareas que en definitiva no puede asumir, porque son tareas que no
puede solucionar. El mercado es un instrumento económico que no nos dice nada
en cuanto a justicia social, no nos dice nada sobre la protección al medio
ambiente y tampoco sobre la forma en que pretendemos convivir los unos con los
otros. Por eso, un socialdemócrata y un sindicalista siempre tienen que decir
que no a la sociedad que sólo se basa en el mercado, es necesario tener un
Estado que fije el orden económico y convertirlo en economía social de mercado.
En cuanto a la necesidad de tener un sector público fuerte, creo que
no es excesivamente difícil convencer de ello a las clases medias. Hasta la
fecha a nadie se le ha ocurrido privatizar los bancos centrales y eso ya un
avance; a nadie tampoco se le ha ocurrido privatizar los gobiernos o los
parlamentos (aunque, alguna vez, uno se puede sorprender de que a nadie se la
haya ocurrido, porque siempre se dice que la economía privada lo hace todo
mejor). Y precisamente a las clases medias se les puede explicar que tiene que
haber unas reglas para la economía de mercado. Por ejemplo, si no se controlara
la regulación de los monopolios, es decir sin reglas claras que fijen la
competencia, las clases medias se convierten en víctimas de los monopolios.
Cuando usted dimitió del Ministerio que ocupaba en el
Gobierno de Schröeder, algunos le criticaron por abandonar prematuramente y
no pelear por sus ideas desde esa posición. Pasado algún tiempo, ¿sigue
considerando acertada aquella decisión que tomó?. ¿Era realmente inevitable?
La decisión tenía una componente política y también una componente
privada, porque los políticos también de vez en cuando tenemos el deseo de
tener un poco más de tiempo para nuestra vida privada. Por otra parte, he
estado durante 30 años ocupando puestos públicos, he sufrido un atentado en
1990 y siempre me he preguntado a mí mismo ¿hasta cuando podré asumir esta carga?
Después de darme cuenta de que el canciller defendía ideas neoliberales me
formulé a mí mismo la pregunta de sí iba a llevar a cabo un debate como
presidente del partido frente al canciller, reflexioné mucho sobre ello y tomé
la decisión de retirarme porque el canciller tenía el mandato de los electores
y porque yo esperaba que con ello tendría más facilidad para abordar la
cuestión en el propio partido. El resultado desde mi punto de vista no es
satisfactorio. Por eso estoy de nuevo interviniendo en el debate público en
Alemania.
¿Qué papel pueden desempeñar las gentes de la cultura, el
pensamiento y el arte, ante una realidad social cada vez más injusta y
desequilibrada por las exigencias del capital?. ¿Y la izquierda?
La cultura siempre tiene la tarea de denunciar y de hacer ver cuales
son los caminos erróneos que se están tomando; es decir, tiene la misión de
aclarar esa situación. Sartre ha dicho en su momento que se trata de
"actuar desvelando". Si el arte sólo es comercial, y si lo único que
pretende es divertir y entretener a la gente, entonces no puede cumplir con
este mandato y por eso nos hace falta el arte de la vanguardia, nos hace falta
un gran margen de libertad, en el que no se vea sólo un beneficio económico.
La izquierda tiene que defender la dignidad del ser humano. Si la
gente muere en enfrentamientos bélicos, si hay gente que se muere de hambre en
amplias partes de nuestro mundo y si en los países industrializados la gente
queda marginada y está sin empleo, entonces las tareas de la izquierda son
absolutamente evidentes. El peligro que corremos es que imperen las ideas
neoliberales; porque, en muchos casos, los socialdemócratas y los sindicalistas
dicen "si no actuamos así, nos sancionarán los mercados". Y eso, por
supuesto, no es una política de izquierda; porque querría decir que tenemos que
hacer lo que pretenden los capitales internacionales. Como eso no tiene nada
que ver con la política de izquierda, en muchos países vemos que disminuye la
participación en las elecciones.
¿Qué opina sobre las diversas declaraciones y artículos de
prensa que han firmado conjuntamente Blair y Aznar?. ¿Tienen algún significado
concreto, más allá de la pura propaganda y las conveniencias personales y
coyunturales de cada uno de ellos?. ¿Considera que es real esa sintonía que
parecen mostrar, en cuanto a los grandes problemas de Europa y sus posibles
soluciones?
Blair apoya la política de la "Tercera Vía" y esta política
parte de la base de que existe el dominio de los mercados financieros
internacionales y no pretende cambiar esa situación. Si partimos de esta base,
muchas de las cosas que dicen Blair y sus seguidores resultan lógicas: hay que
reducir prestaciones sociales, hay que mantener lo más bajos posible los
impuestos que gravan a las empresas, hay que empeorar las condiciones de
trabajo para que los capitales financieros internacionales inviertan en el
propio país, pero mi enfoque es diferente.
La política lo que debe hacer es, sobre todo, poner reglas a los
capitales internacionales y hay dos muy importantes: Hay que volver a regular
los movimientos de capitales a corto plazo, lo que existió durante muchísimos
años. El hecho de que no estén regulados es lo que ha conducido a la crisis
asiática porque realmente los capitales internacionales se comportan de forma
absolutamente irracional y, en segundo lugar, hay que estabilizar los tipos de
cambio porque si no se le abren las puertas a la especulación.
La colaboración entre Blair y Aznar no hay que sobrevalorarla en el
contexto europeo. No obstante, existe una concordancia entre ambos en la
opinión de que, en las actuales condiciones de desregulación, sólo se tiene
capacidad de actuación (y poca) dentro de lo que es la política nacional.
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