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Desde niño, siempre soñé con ir algún día a África
y a la India. Han pasado muchos años desde entonces y puedo decir que
afortunadamente ese sueño se ha cumplido. Estas treinta y cinco estampas
africanas que se presentan en esta exposición, representan un esfuerzo por
rescatar del polvo un momento fugaz en la vida de esos pueblos olvidados de
África.
Pasaremos en primer lugar por un asentamiento
Himba donde podremos contemplar tanto mujeres jóvenes como adultas,
inevitablemente cargadas con sus críos, o a esos niños que sestean junto a sus
perros o que disfrutan con cajas de cartón sudafricanas como un anticipado signo
de modernidad que ha de venir y nunca llega. Contra un fondo de cabras y
espinos, aparece el gran chef removiendo la comida, con ese arcaico chuzo que el
hombre, desde que el mundo es mundo, ha usado para sembrar granos, arrear
animales o matar al vecino.
Continuando por la sabana de Namibia, veremos a
los Herero vestidos y tocados con sus telas de bellos dibujos estampados. Ya en
Zambia, los aldeanos del mercado nos muestran sus rostros siempre curiosos ante
la presencia de personas ajenas a su entorno.
El viaje por la región Masai del sur de Tanzania
está lleno de sorpresas: ancestrales pastores de vacuno montando en bicicleta,
lóbulos perforados de los que cuelgan bellos adornos y esos rostros de hombres y
mujeres que nos interrogan desde una lejanía serena, indescifrable. En el lago Tanganika, contemplamos la sonrisa de los niños de las aldeas ribereñas, esa
sonrisa que sólo se puede apreciar en las gentes de esos lugares de los que
estamos tan alejados. |