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A todas las víctimas del 11-M

Al pintor Jesús Aguagria

A todos los que siguen creyendo en la vida y sienten esperanza

NO HA MUERTO LA ESPERANZA

            No es real, no es cierto lo que pasa, quieres oír que no lo es. Tu corazón se niega a sentir tanta locura. No cabe en la cabeza. De nadie. Por eso tu mente está paralizada, todas se han quedado así, no es para menos. No es posible pensar con claridad porque se ha quedado bloqueada la emoción por el impacto. Locura, maldad, locura... No es verdad.

            Los más cercanos gritan –a algunos, por desgracia, no les ha dado ni tiempo-, pero gritan los que aún viven, sí,  sin pensar, no son capaces. Como tú. Tú tampoco aciertas a pensar. Estás lejos, pero te ha llegado el estruendo al alma. Miras a través de la ventana del estudio, pero miras sin más, no sabes qué hacer. Todos actúan por instinto, actúas por instinto, no piensan, no pueden. Tú tampoco. Das vueltas sin saber qué hacer.

            Tras la parálisis, los sentimientos se recobran, el pulso mental del pensamiento se acelera, todos los pulsos se aceleran, de los andenes a las calles, de las calles a..., se aceleran. Atocha tiembla, Madrid tiembla...¡tú tiemblas! Por fin, las mentes vuelven a ser capaces de pensar, se ponen en marcha, están irritadas e irritables: “¡Canallas, asesinos...!” –piensan, dicen, gritan, chillan, vociferan, lloran. Tú sigues en silencio, pero también tus pensamientos han iniciado ya la marcha. Interiorizas, sientes la rabia que te come, la impotencia, la indignación, y te preguntas porqué, como todos, pero en silencio. Te das cuenta entonces de que estás en tu estudio de pintor. El sol entra a borbotones aunque sea marzo. Once, otro once, demasiados onces negros, piensas. Ves tu paleta sobre la mesa, manchada de colores y  tus ojos se clavan en el rojo-sangre. Echas la vista al cuadro que aún no has empezado y quieres estampar en él la rabia que te muerde. Te duele. Duele. Has visto imágenes y estás horrorizado. Siguen los gritos o los silencios que se enquistan de rabia, a ti no te hace falta gritar, tampoco se te enquista la rabia porque tienes un arma poderosa entre tus manos, tú gritas de otra forma, tienes una manera distinta de decir ¡ya basta! Coges en tus manos pincel y paleta, mezclas los colores..., así es como tú sueles gritar. Así lloras, amas, ríes... Ahora no te brota la risa, sólo llanto y dolor, lágrimas ocres, verdes, añiles, negras, amarillas..., y rojas, rojas-sangre, en las que mojas el pincel y pintas el dolor, lloras colores y no hablas, sólo pintas..., deprisa, muy deprisa, ya matizarás más tarde. El brillo del sol te ayudará. Pero inevitablemente los ojos se te nublan de un rojo intenso, otra vez el rojo-sangre.

            Figuras humanas en sombras negras, marionetas del absurdo, manchas granates, fucsias, verdes, amarillas y, otra vez... rojas.

            El rojo te invade, pero quieres respirar, ver la esperanza detrás de lo que no tiene ya remedio, y descubres fondos marinos como huellas de corales: ONCE –escribes encima, (se te ha ido la mano). Ramificaciones, relieves como venas que van directo al corazón, estructuras, fuego...destrucción. Una gran “M”, de Muerte, de Marzo, de Madrid... (se te ha vuelto a ir la mano). El sobre, ¿una carta? ¿de quién? ¿para quién? ¿podrá llegar a su destino? Sí –quieres creer que sí, es un mensaje de esperanza, de fe en el hombre y para el hombre; y lo envuelves otra vez con huellas de coral, pero se te cae de nuevo un gotón rojo al fondo del cuadro, otra vez te ha invadido el rojo-sangre.

            Respiras, ya has conseguido deshacerte de la rabia –crees, del cosmos desintegrado en millones de pedazos; llueven partículas y caen, como si un mar púrpura y calmado lo acogiera todo para transmutarlo.

            Buscas puntos de fuga, tiene que haber una salida estas convencido. Lo sucio, negro y roto va quedando atrás y te ramificas en blancos, ocres, añiles, dorados..., pupilas doradas, sol, luz, esperanza. Hasta que nace la vida, la flor, como esa que crece en lo más alto y en medio de la nieve desafiando las leyes de la lógica. La vida que sigue fluyendo aún y a pesar de los pesares.

            Pétalos. Se te escapan algunas manchas tristes todavía, manchas de llanto, porque no se ha extinguido aún la fuente de las lágrimas, la que todo lo limpia, todo, pero duele mientras mana.

            Respiras profundo ahora. Has redescubierto la belleza. La plasmas; morirías si sólo vieras  rojo-sangre.

            Bien sabes tú que en esa mañana  no estuvo la mar en calma, que no silbó el aire en el monte y que tampoco habrá más estación ingenua. Lo sabes, tú mismo lo has grabado en el cuadro con tus manos. Pero también sabes que no has dejado de querer por ello y que, una vez más, el arte sirve para recordar que, a pesar del destrozo irremediable, NO HA MUERTO LA ESPERANZA.

                                                               Ángeles Fernández Gómez

                                               (Clausura de la Exposición de Pintura sobre el 11-M – Jesús Aguagria)

                      Escuela "Julián Besteiro”- Madrid, 30 de  noviembre 2004