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"El Roto" ( Andrés Rábago García) 
V Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras

Ni humorista –término con el que personalmente no se identifica al haber quedado inutilizado por el uso dado-, ni dibujante de editorial –al quedar asociado el dibujante al servicio de la redacción para reflejar la opinión del periódico concreto, Andrés Rábago García (Madrid, 1947) –El Roto, OPS, Ubú, Jonás-, es y así se reconoce, un dibujante que practica la sátira, dibujante de sátira. Porque la sátira está, de forma íntima, ligada a la libertad tanto en su concepto como en su ejercicio. Sátira y libertad conforman las bases de su trabajo y de su propia proyección y significado social, a través de un protagonismo que ha conducido –desde la óptica de los especialistas-, a vincularlo a una antigua tradición satírica que incluye artistas como Goya y Daumier o Grosz y Solana.  Yo sostengo –diría El Roto en noviembre de 2002-, que el dibujante de sátira debe ser libre a la hora de elegir los temas, el enfoque y la posición que tiene ante ellos. Otra cosa es que la posición del dibujante, lógicamente, no puede ser en todos los casos contraria a la línea general del periódico para el que trabaja.

Con una amplia y profunda obra gráfica –desde sus colaboraciones en La Codorniz, Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, El Jueves, Hermano Lobo, El País, sus recopilaciones “Habas contadas”, “La memoria del constructor” o “El fogonero del Titanic”, su filmografía (La edad del silencio con Gabriel Blanco) hasta en la propia pintura, firmada como Rábago-, sus dibujos constituyen –como instrumentos de comunicación-, elementos para la reflexión, el terreno y la propuesta para participar y ahondar en el debate social, ayudando a la clarificación de ideas y posiciones, provocando –por medio de aquél-, la reacción de la sociedad. Dibujos, territorio público, cargados de denuncia social. Una sociedad sin moral –afirmaba en otra ocasión-, es una sociedad condenada a la destrucción. Recientemente, sus convocatorias a favor de la paz, contra la guerra, la aspiración de un mundo de justicia y solidaridad o criticando las agresiones contra el medio ambiente y el patrimonio natural, así lo confirman.

Difícilmente catalogable, su humor calmo y reflexivo, serio y minucioso, parece presentar etapas diferenciadas.  Si OPS pertenece al terreno de la imaginación, de los sueños y las pesadillas, El Roto es lo racional, esa reflexión crítica ante todo. Sus dibujos fueron desde sus inicios duros y críticos, claros y a la vez en cierto modo herméticos. Y es como El Roto cuando el artista se implica en los problemas de una realidad social y política cada vez contemplada de manera más asfixiante, descubriendo y alertando sobre los mecanismos presentes detrás de la mentira. Equilibrio entre los fragmentos internos y externos, es desde este heterónimo el que acaba erigiéndole el eco  de los sin voz, de los pobres y de los indigentes.

¿Roto e indigente? ¿Qué vínculo en ese heterómino? ¿Qué respuesta? Quizá ésta la encontramos al adentrarnos en la lengua española hablada en Latinoamérica. Allí, en nuestra proyección ultramarina, roto es la expresión más despreciativa, con la que se alude a la persona de baja condición social, aquel que tiene todo perdido y nada que ganar; donde la nada es nada, porque nada es, esencia, nada para él, para ellos. Quizá, por eso, ahora, El Roto, nos ofrece su todo.