Convicciones

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Artículo de opinión de Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT, en "El Siglo de Europa"


Hay que dejar de abordar la migración como una amenaza y ser conscientes del mundo en que vivimos, de que los flujos migratorios tienen causas diversas, que en algunos casos son responsabilidad de nuestros propios países y políticas

Está siendo un verano difícil para las convicciones, en el puro sentido que tiene la definición académica de la palabra como “idea religiosa, ética o política a la que se está fuertemente adherido”.

Millones de personas se han movido por el mundo para divertirse, conocer otras gentes, acercarse a otras culturas, formarse, vivir nuevas experiencias, ampliar horizontes vitales y mentales. Millones de personas han entrado en Europa, y también en España, por nuestro sol, nuestras playas, espacios naturales, patrimonio cultural… Y de paso han alimentado una de las principales fuentes de riqueza y creación de empleo que tenemos.

Pero no todo el mundo ha tenido esa libertad. La huida de la miseria (y los despropósitos políticos) de los venezolanos se ha encontrado con barreras en los países vecinos. Europa ha seguido humillando sus principios y supuestos valores negándose a rescatar náufragos, eludiendo el deber de auxilio, la obligación de salvar vidas, la obligación de ofrecer puerto seguro a embarcaciones con personas en su interior. Los movimientos migratorios se han sobredimensionado y utilizado por parte de determinados gobiernos para generar alarma social y justificar decisiones que no afectan únicamente a la población migrante.


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