Este 1º de Mayo de 2005, trabajadores y trabajadoras de todo el mundo celebran con orgullo el historial de logros durante más de 100 años de solidaridad sindical. Queremos rendir homenaje a todos aquellos y aquellas que han hecho tanto por promover y defender los derechos de los trabajadores y trabajadoras, crear una justicia social y luchar por la igualdad, los derechos humanos y la democracia.
Este año, los sindicatos se suman a otras fuerzas en todo el mundo en el Llamado Mundial a la Acción contra la Pobreza, exigiendo que las grandes promesas realizadas por los gobiernos en las Naciones Unidas y en otros foros, se traduzcan urgentemente en acción. El mundo no puede permitirse seguir ignorando las penurias de cientos de millones de mujeres y hombres que subsisten con menos de un dólar al día. La creación de puestos de trabajo dignos para todos nunca había sido tan importante como ahora, cuando las diferencias entre los que tienen y los que no tienen se profundizan aún más en la economía global. Mil millones de personas están desempleadas, subempleadas o forman parte de los pobres que trabajan: el 60% son mujeres. En el Llamado Mundial, reclamamos el alivio de la deuda para los países más pobres, así como un considerable incremento de la ayuda al desarrollo y justicia en el sistema comercial mundial.
Más de 200 millones de niños trabajan en lugar de acudir a la escuela, mientras que los/las jóvenes que acaban de finalizar su educación encuentran enormes dificultades para encontrar un trabajo digno en cualquier país del mundo. Millones de trabajadores y trabajadoras son víctimas de explotación, discriminación e inseguridad, viéndose obligados a aceptar puestos de trabajo que pagan demasiado poco para que ellos, y quienes dependen de ellos, puedan llevar una vida digna. Los propios sindicatos se ven sometidos a tremendas presiones, dado que tanto gobiernos como empleadores en numerosos países infringen los derechos de los trabajadores/as, llegando en ocasiones a emprender ataques directos contra el movimiento sindical. Nuestra acción mundial resulta fundamental para poner fin a los ataques antisindicales, y para defender el derecho de todos y todas, particularmente las mujeres, que son víctimas de la carrera global hacia el fondo.
Confiamos en ser capaces de afrontar el reto de cambiar el rumbo de la globalización. Actuaremos traspasando fronteras y continentes, para contribuir a organizar a los millones de trabajadores y trabajadores que no gozan de derechos sindicales, para hacer frente a la explotación de los trabajadores/as migrantes y de aquellos y aquellas que trabajan duramente en las zonas francas industriales, y situar a mujeres y hombres en pie de igualdad en el seno de nuestro propio movimiento, en el lugar de trabajo y en la sociedad. Proseguiremos con la reforma, la consolidación y la unificación del movimiento sindical internacional, para asegurarnos de que seamos todos/as iguales frente a la formidable tarea que se nos presenta.
Pedimos un mundo mejor, un mundo seguro y pacífico donde reinen la justicia social, la igualdad y los derechos fundamentales. Nos comprometemos a hacer todo lo que esté en nuestro poder para construir ese mundo mejor para las generaciones venideras.
¡Larga vida a la solidaridad sindical global!