El
primer paquete de medidas aprobadas hoy en Consejo de Ministros,
y que representan un ‘anticipo’ de la estrategia que va a
desarrollar el Gobierno, emite un mensaje que profundiza en las
políticas de ajuste. Son medidas recurrentes de de recorte y
picoteo fiscal, que no van a impulsar el crecimiento económico y
el empleo. UGT considera que contiene también medidas
profundamente injustas, como la congelación del SMI y del IPREM,
ya que repercuten sobre los colectivos con rentas más bajas y en
las personas desempleadas, y vuelven a hacer recaer el peso del
ajuste sobre los empleados públicos. Además, el aumento del 1%
de las pensiones es claramente insuficiente, por lo que el
Gobierno debe garantizar que aplicará en noviembre de 2012 la
cláusula de revisión automática si se supera esa cifra. Por otra
parte, el sindicato valora la prórroga del Plan Prepara,
reiteradamente reclamada por las organizaciones sindicales, pero
recuerda que existen más de un millón y medio de desempleados
sin prestación.
Para
UGT, estas primeras medidas aprobadas hoy por el Consejo de
Ministros
1. Son sólo un anticipo
de lo que vendrá antes del 31 de marzo, con la aprobación de
unos Presupuestos Generales del Estado para 2012
que deben plasmar ya íntegramente las políticas con las que
el Gobierno quiere afrontar la salida de la crisis.
2. Son medidas
recurrentes. No contienen medidas de estímulo al crecimiento
económico y el empleo
3. Algunas son profundamente
injustas,
como la congelación del salario mínimo por primera vez en la
historia de nuestro país, en
concreto, supone una apuesta por un
modelo de crecimiento basado en bajos salarios y en
condiciones precarias que no tiene justificación en términos
de ajuste fiscal (puesto que el SMI no afecta al gasto
público) y es incoherente con cualquier discurso de
modernización de nuestra economía y de nuestro mercado
laboral.
4. Inciden en la política del
“picoteo fiscal”.
Es necesario una reforma fiscal integral equitativa,
progresiva y redistributiva, que se revisen el conjunto
de las figuras fiscales, se recuperen los impuestos como el
de Patrimonio y Sucesiones, así como que se graven productos
de ahorro del capital o de la inversión como son las SICAV
5. Hay medidas positivas, que son
fruto del Diálogo Social, del Acuerdo Social y Económico
pactado en el mes de febrero, pero que son
insuficientes, como la subida del
subida del 1% de las pensiones y la Prórroga del Plan
Prepara, reiteradamente solicitada por las organizaciones
sindicales, pero hay que recordar la importante caída de la
tasa de cobertura por desempleo
6. Incide en los recortes sociales
con la congelación en materia de dependencia, conciliación
de la vida laboral y personal o la renta de
emancipación para los jóvenes.
La
revalorización automática de las pensiones está fijada por una
Ley, fruto del acuerdo social (artículo 48 de la Ley general de
Seguridad Social). Por tanto el Gobierno sólo la está aplicando.
La
subida del 1% resulta muy moderada, teniendo en cuenta que la
media de las previsiones de los principales analistas sitúan el
aumento del IPC en 2012 en el 1,5% en media anual. Por tanto, de
entrada, la revalorización puede conllevar una pérdida de poder
adquisitivo de los pensionistas a lo largo del año. El aumento
anunciado hoy sólo supondría 8 euros mensuales más en una
pensión media.
El
Gobierno debe garantizar que aplicará en el mes de noviembre de
2012 la cláusula de revisión automática prevista en la Ley, en
el caso de que efectivamente el IPC supere la cifra del 1%.
Se
trata de una de las medidas más injustas del paquete aprobado,
absolutamente injustificada además en la medida que el aumento
del SMI no conlleva aumento del gasto público desde 2004, cuando
se desvinculó esta renta laboral básica de su utilización como
baremo de rentas y prestaciones públicas de todo tipo.
Es
la primera vez desde su creación en que el SMI se congela en
nuestro país. El discurso de los necesarios esfuerzos colectivos
no puede servir en este caso en absoluto para avalar esta
congelación del suelo salarial, que es una medida no solo
injusta, sino contraproducente para nuestra economía, en la
medida que reducirá aún más el consumo de todos los afectados.
Es
una medida regresiva. El IPREM es el indicador que sirve de
referencia para determinar la cuantía de determinadas
prestaciones o para acceder a determinados beneficios, ayudas o
servicios públicos (ayudas para vivienda, becas, subsidios por
desempleo, etc.). Por tanto, su congelación supone en la
práctica una reducción real de esas prestaciones, como por
ejemplo las de desempleo.
Es
una medida que, aplicada con generalidad, no responde a las
necesidades de nuestra economía, y que terminará afectando a la
calidad de los servicios públicos. Además contradictoria con la
voluntad declarada por el Ejecutivo de hacer el empleo el centro
y el objetivo número uno de todas las políticas.
Para
UGT, la evolución empleo público debe responder a la aplicación
de criterios de eficiencia y necesidad, lo que implica un
análisis previo que realice un diagnóstico integral y objetivo
de la situación de los recursos humanos en el conjunto de las
Administraciones Públicas. Pero, ante la ausencia de este
imprescindible paso, parece que esta nueva congelación responde
en mayor medida a una concepción ideológica apriorística que
supone que el empleo público en nuestro país es excesivo, algo
que no responde en absoluto a la realidad.
Son
medidas medida injustas, que hace recaer el peso del ajuste una
vez más sobre uno de los colectivos de trabajadores más
castigados en nuestro país. Hay que recordar que su salario ya
fue recortado en un 5% de media en mayo de 2010.
En
todo caso, el Ejecutivo debe aclarar cuanto antes si piensa
acometer nuevos recortes salariales a estos trabajadores con la
aprobación en el mes de marzo de los nuevos PGE.
Se
trata de una medida que, aunque indudablemente popular, puesto
que supone en principio una rebaja fiscal, es inadecuada y posee
efectos contraproducentes, puesto que su impacto se traslada
finalmente a un aumento de los precios de la vivienda, tal y
como han avalado numerosos estudios.
En
consecuencia, el beneficio que se pretende lograr (un
abaratamiento indirecto del acceso a la vivienda) se anula por
el aumento del precio que provoca. En consecuencia, son los
promotores e intermediarios en el proceso de construcción
quienes obtienen realmente el beneficio buscado, en lugar del
comprador.
Por
otro lado, supone un importante gasto fiscal (en forma de
menores ingresos), algo contradictorio con el duro ajuste
seguido en otras parcelas, señaladamente las salariales. Resulta
además una incoherencia que de una parte se pretenda abaratar el
acceso a la vivienda, mientras de otra se recortan los ingresos
de gran número de trabajadores mediante el recorte o congelación
de sus sueldos.