En
los últimos días hemos escuchado distintas
propuestas en materia de inmigración. Sin duda, será
un tema recurrente en los próximos meses. Desde el
“rumanos fuera”, la negativa de algunos
ayuntamientos a empadronar personas en situación
administrativa irregular, hasta llegar al “el
contrato de integración”. Esta última propuesta,
pese a no ser nueva, resulta de lo más inoportuna
cuando la misma se publicita, de nuevo, en una
campaña electoral y en la actual situación de
desempleo.
Entre los contenidos de
este contrato, que ya en el año 2008 proponía el
Partido Popular, se encontraba el retorno a sus
países de los trabajadores extranjeros que perdieran
el empleo, dando a entender que los inmigrantes solo
son útiles y tolerables mientras tienen empleo,
coticen, paguen sus impuestos, cumplan sus
obligaciones… pero que si se quedan sin trabajo, la
única opción es devolverlos a sus países. Como si
fueran herramientas ya amortizadas y no personas.
En 2008 UGT ya señaló que
la propuesta se dirigía claramente contra todos los
extranjeros no comunitarios, pero especialmente
contra los que dependen de su trabajo para vivir. El
sindicato también apuntó entonces que medida, en
contra de lo que se dice, no está extendida en
Europa, puesto que de los países en los que existen
compromisos entre el inmigrante y el estado de
acogida, ninguno tiene un contenido similar al de la
propuesta; por ejemplo no se habla en ellos del
respeto a los valores o las costumbres e incluso a
las leyes. Porque incluir en un contrato la
obligación de respetar las leyes, cumplir las
obligaciones o pagar impuestos, es tanto como
reconocer que el Estado, su ordenamiento jurídico y
los medios con que cuenta para hacerlos cumplir son
inútiles. Dejando caer, de paso, que los extranjeros
son potenciales incumplidores. Los países en los que
existe un compromiso o un examen como requisito para
entrar o permanecer en el país, este se refiere
exclusivamente al conocimiento del idioma y del
medio o la obligación de acudir a cursos de lengua.
Conviene señalar que en el
mes de septiembre había un total de 404.592 parados
extranjeros no comunitarios registrados y no más de
un millón, como ha aparecido en algunos medios de
comunicación y que otros partidos políticos, además
del Partido Popular, se han mostrado a favor del
contrato de integración; por poner un ejemplo, en el
trámite parlamentario de la reforma de la ley de
extranjería en el año 2009 se introdujo, y de hecho,
es una de las novedades de la ley, “el esfuerzo de
integración” como un elemento para valorar la
oportunidad o no de renovar una autorización de
residencia. Esfuerzo que se acreditara mediante la
asistencia a acciones formativas.
Y hace solo dos días, el
vergonzoso videojuego que constituye una muestra
bien clara de que los mensajes, en esta materia, se
acercan cada vez más a la xenofobia y al racismo,
sin ningún rubor. El daño no se hace solo a la
población española de origen extranjero, sino al
conjunto de la sociedad y a los valores
constitucionales, estos sí, que nos obligan y
protegen a todos.