
El descenso del paro en
mayo por segundo mes consecutivo (en 76.223
personas, la mayor reducción en este mes de los
últimos cinco años) demuestra que los cambios en los
niveles de desempleo no dependen de la regulación
laboral, sino de la actividad económica. En este
sentido, UGT considera que frente a las políticas de
recorte que se están llevando a cabo y que van a
retardar la salida de la crisis, son necesarias otro
tipo de políticas, orientadas a estimular el
crecimiento económico y la inversión productiva.
Respecto al mercado de trabajo hay que actuar
mejorándolo, no devaluándolo. Por lo tanto, es
necesario establecer medidas orientadas a mejorar la
formación, cualificación y adecuación a las
necesidades productivas, incentivando la
contratación de aquellos colectivos con mayores
dificultades de inserción en el mercado laboral
(especialmente jóvenes y parados de larga duración).
Asimismo, es necesario una reforma financiera que
dote de liquidez al sistema y permita a las familias
y a las empresas acceder al crédito.
El desempleo registrado ha
descendido por segundo mes consecutivo: hay
apuntados en las listas de los Servicios Públicos de
Empleo 76.223 personas menos que en el mes de abril.
Esto hace un total de 4.066.202 parados, según los
registros, lo que supone, no obstante, todavía un
12,32% más de desempleados que hace un año.
La reducción del número de
desempleados varones ha sido superior a la de las
mujeres: 50.853 hombres parados menos, un 2,4%,
frente a 25.370 mujeres desempleadas menos que en
abril, un 1,2%. De nuevo, por segundo mes
consecutivo, esto hace que, en el cómputo
interanual, sea mayor el incremento del desempleo
femenino (un 12,8%) que el del masculino (un 11,8%).
De nuevo el desempleo
juvenil se reduce en mayor medida en este mes (un
3,2%) que el de los mayores de 25 años (un 1,7%).
Con estos datos, la proporción de jóvenes
desempleados respecto al total de parados se reduce
en dos décimas respecto a abril, y en un punto
frente a mayo de 2009.
En cuanto los extranjeros
desempleados, hay 16.033 menos que en el mes
anterior, aunque en total suponen un 21,2% más de
parados de los que se registraban hace un año.
Por sectores, la reducción
más significativa, en términos relativos, se recoge
en la construcción (un 2,6% de parados menos que en
abril), seguida de la industria (un 2,2% menos) y
los servicios (con una reducción del 1,9%).
El número de contratos
registrados ha aumentado respecto al mes de abril en
un 9,6%, siendo la recuperación anual del 6,5%. Un
9,2% de los contratos han sido indefinidos, es
decir, 108.264, mientras los temporales han sido
1.073.836, con lo que el total de contrataciones
registradas en el mes de mayo ha sido 1.182.100. La
caída de los contratos indefinidos respecto al año
anterior es del 0,8%, mientras el volumen de
contratos temporales se ha incrementado en un 7,3%.
La reducción del desempleo
registrado, la mayor en el mes de mayo de los
últimos cinco años, demuestra que los cambios en los
niveles de desempleo no dependen de la regulación
laboral, sino de la actividad económica.
Parece que los indicadores
adelantados señalan que la actividad económica
comienza a recuperarse. Es de esperar entonces que
la demanda de empleo también comience a crecer y,
por tanto, a disminuir el nivel de paro.
Frente a la urgencia y a
la señalada necesidad de acometer una reforma
laboral, conviene destacar que esta reforma no
resolverá el problema del desempleo, que tiene su
origen en el mercado productivo, carente de salidas
ante la falta de demanda. Si las empresas españolas
consiguen reorientar su actividad hacia el exterior,
ganando competitividad no en función únicamente de
mejoras relativas en los niveles de precios, sino de
avances en calidad, el empleo también se recuperará.
Y no sólo eso, sino que logrará ganar en calidad,
pasando de concentrarse en sectores de baja
productividad y excesiva temporalidad, hacia
aquellos que demandan trabajadores formados y
cualificados.
Ésta sigue siendo la clave
de la acción política sobre el mercado de trabajo:
actuar a través de políticas de formación, de
cualificación y de adecuación a las necesidades
productivas, incentivando además la contratación de
aquellos colectivos con mayores dificultades de
inserción en el mercado laboral (especialmente,
jóvenes y parados de larga duración), a los que
habrían de dedicarse actuaciones específicas de
formación y cualificación.
Sigue siendo necesaria
también la reforma financiera que dote de liquidez
al sistema y permita a las familias y a las empresas
acceder al crédito, de forma que se pueda incentivar
la actividad económica y con ello, la recuperación y
nueva creación de empleos.
En este sentido, las
reformas que recortan el gasto social, las
pensiones, la inversión productiva y los salarios de
los trabajadores del sector público (educación,
sanidad…) en el cambio del modelo productivo, son
injustas y contraproducentes. El efecto inmediato (y
reconocido por el propio gobierno) se refleja en un
recorte del crecimiento económico: las previsiones
se rebajan en 5 décimas para el año 2011 (en la
actualización del programa de estabilidad se preveía
un crecimiento para 2011 del 1,8%). Y esta merma del
crecimiento económico se traslada inmediatamente al
mercado de trabajo, de forma que se retrasará aún
más la creación de empleo y la reducción de las
tasas de desempleo.
La reconstrucción fiscal,
potenciando una estrategia que favorezca el
incremento de los ingresos y que no se quede sólo en
el ajuste a través del recorte de gastos, es lo que
urge para crecer económicamente y con ello,
estimular la demanda de empleo.
Las políticas que han de
llevarse a cabo deben orientarse a la recuperación
de la actividad económica, al estímulo a la
inversión productiva, con el objetivo último de
alcanzar nuevamente una senda de crecimiento, pero
un crecimiento sostenido, perdurable y que aporte
una mejora de la calidad.
Las políticas y reformas
que tratan de reducir los derechos de los
trabajadores, que persiguen recortes de gastos
sociales, que minan, en definitiva el Estado de
Bienestar, no son las que nos llevarán a la salida
de la crisis.
Cumplir con la parte de
sostenibilidad presupuestaria del Pacto de
Estabilidad y Crecimiento retrasará el crecimiento
económico y la recuperación del empleo.

