La
Federación de Sindicatos de Periodistas, la
Asociación Nacional de Informadores Gráficos de
Prensa y Televisión, UPIFC Sindicat de la Imatge, el
Colectivo de Periodistas de CCOO y la Agrupación de
Periodistas de FES-UGT –que conforman los sindicatos
en los que están afiliados la mayoría de los
periodistas de nuestro país-, llaman a los
trabajadores de la comunicación a participar en la
huelga general que las Confederaciones Sindicales de
UGT y CCOO han convocado el próximo día 29 de
septiembre en protesta por la Reforma Laboral que
impulsa el Gobierno.
Las organizaciones de
periodistas entendemos que, si prospera, la Reforma
Laboral no creará empleo por cuanto facilita y
abarata el despido. De otra parte, la propuesta del
Ejecutivo aumenta el poder patronal de modificar
unilateralmente las condiciones laborales y debilita
la negociación colectiva, al posibilitar que las
empresas apliquen descuelgues salariales
incumpliendo lo pactado en los convenios colectivos.
En el ámbito de los medios
de comunicación, los sindicatos de periodistas
consideran que, en el supuesto de prosperar, la
Reforma Laboral no sólo reduciría la calidad del
trabajo estable, sino que aumentaría la temporalidad
y la externalización de profesionales en condiciones
abusivas. El enquistamiento de la precariedad que
afecta a un gran número de trabajadores de los
medios mermaría aún más su capacidad de resistencia
a las presiones patronales en el trabajo
periodístico, con la consiguiente mengua de la
garantía constitucional al derecho a la información
de la ciudadanía.
También queremos rechazar
las severas políticas de ajuste económico
propugnadas por la Unión Europea al dictado de los
tiburones financieros, porque recortan el Estado de
Bienestar tan caro de conquistar a los trabajadores
europeos. Por todo ello, el 29 de septiembre los
sindicatos de todo el viejo continente nos
movilizamos para seguir construyendo una Europa más
social y más fuerte políticamente, donde la economía
esté al servicio de los ciudadanos y no, como ocurre
en el mundo al revés, que los Gobiernos estén al
servicio de la especulación de los mercados.