Número 44. Diciembre 2008

BOLETÍN DIGITAL DEPARTAMENTO CONFEDERAL DE LA MUJER

A FONDO

Reportaje de Alicia Menéndez

LA MEDIACIÓN NO ES COSA SÓLO DE HOMBRES

Las mujeres son tan buenas mediadoras en conflictos laborales como los hombres, cuentan con cualidades innatas para la mediación y, sin embargo,  en muchos casos, no llegan al 20% de representatividad. ¿Por qué?

Las personas que median en los conflictos laborales no viven de ello. Compatibilizan la mediación con otras profesiones y todas tienen un amplio conocimiento del mundo laboral. Son abogados/as, sindicalistas, profesores/as de Universidad, inspectores/as de trabajo,  graduados/as sociales, etc.

mujeres mediadoras

Esto es así para hombres y mujeres. Como, también, las otras cualidades que definen a un buen mediador, según explica Julián Lobete, director del Sistema Interconfederal de Mediación y Arbitraje (SIMA), “las mejores cualidades de un mediador son saber trabajar en equipo, saber escuchar, tener empatía o capacidad de ponerse en el lugar de otro, la humildad, es decir no creerse que se sabe todo de todo y que se está por encima de las partes..."

Otras cualidades son la inteligencia emocional, tener capacidad de síntesis, ser autocrítico en las propuestas que se hacen…” Lobete se pregunta “¿Son éstas cualidades más femeninas que masculinas?”

Aunque las mujeres entrevistadas en este reportaje consideran que la mediación de conflictos laborales no es una cuestión de género, sí reconocen que las mujeres, por propia educación y porque poseen algunos valores, por lo general, más acentuados que los hombres, tienen una buena base que favorece la mediación.

Yolanda Cano, Titular de Derecho del Trabajo de la Universidad Rey Juan Carlos y mediadora desde hace tres años del SIMA, destaca que las mujeres “estamos acostumbradas a resolver conflictos cotidianos continuamente,  a través de fórmulas o vías informales”, algo que ayuda a la mediación.

Ana Mª Mejías, abogada, árbitro en el Tribunal Laboral de la Comunidad Valenciana y, también, mediadora del SIMA, destaca valores como la sensibilidad, la paciencia,…”creo que las mujeres son, sobre todo, más pacientes y ven lo que subyace en un conflicto, el conflicto real, no sólo el que se plantea”.

Julia Simón, graduada social, Técnica Superior en Prevención de Riesgos Laborales, trabajadora de UGT, y mediadora en el Servicio Aragonés de Mediación y Arbitraje (SAMA), opina que las mujeres “tenemos más condiciones naturales para la mediación, lo que no quita que haya muy buenos mediadores varones”.

Entonces ¿por qué hay menos mujeres mediadoras?

En el SIMA, de 250 mediadores, sólo 40 son mujeres, un 16%. En el Instituto Laboral de Madrid, de unos 50 mediadores titulares, 12 son mujeres, y lo mismo sucede en otras Comunidades Autónomas, “la representación de las mujeres en la mediación es muy semejante”, según afirma Encarnación Cazorla, inspectora de trabajo y directora de este Instituto desde 1999.

Concepción Gil, abogada, gerente y secretaria técnica del SAMA señala, en este sentido, que su Comunidad tiene uno de los porcentajes más altos de mujeres mediadoras, aproximadamente, un 25%, pero afirma que en la mayoría de las regiones el número de mujeres mediadoras respecto a los hombres no llega al 20%.

La primera explicación del porqué hay menos mujeres mediadoras que hombres se achaca a las partes que conforman los Servicios de Mediación- independientemente de cómo se denominen, por quién estén tutelados o cuáles sean sus normas de funcionamiento- es decir, a las organizaciones patronales y sindicales más representativas.

mujeres mediadorasJulián Lobete explica que en la Fundación SIMA, formada por CEOE CEPYME, UGT y CCOO, “a nosotros nos mandan las propuestas de mediadores y nosotros las aceptamos, no influimos para nada en la designación, ellos tienen sus propios criterios”. Hay que destacar que la lista de mujeres más amplia en este organismo es la de UGT, con 18 mujeres mediadoras, seguida por CCOO, con 16 y CEOE y CEPYME con 6.

Cuando se produce un conflicto que depende del SIMA- este organismo sólo media en conflictos laborales colectivos- son las partes representadas las que eligen los dos mediadores que intervendrán para buscar soluciones al mismo. Sin embargo, cuando las partes no eligen mediador es el propio SIMA el que lo designa. El criterio que sigue, en ese caso, es rotatorio, no el de la paridad, aunque Julián Lobete reconoce que el porcentaje de mediaciones que cubren las mujeres es mayor que el número que representan en el organismo.

Pero si el balón de la escasa representatividad de las mujeres recae en las organizaciones empresariales y sindicales, hay que preguntarse a qué se debe esto. Encarnación Cazorla destaca que también en las comisiones negociadoras hay menos mujeres que hombres, Ana Mejías señala que el sistema de resolver conflictos vía mediación es “relativamente nuevo, desde el punto de vista histórico”.

Por su parte, Yolanda Cano considera que es cuestión de tiempo “igual que cada vez hay más mujeres en el mercado de trabajo y más mujeres empresarias y que negocian convenios colectivos, eso tendrá que empapar todos los ámbitos de las relaciones laborales”.

Haciendo camino al andar…

mujeres mediadorasLo cierto es que las mediadoras con las que hemos hablado disfrutan y creen en lo que hacen. Todas consideran que “el mejor conflicto es el que se resuelve como las partes quieren”, destacan la neutralidad que debe guiar a un buen mediador, la confianza que deben de transmitir, el deseo de ayudar a que haya buenas relaciones entre las partes “cuando tú sales de una mediación y ves que las partes se dan la mano, aunque  no haya habido acuerdo, yo me voy contenta”- manifiesta Yolanda Cano.

Para Ana Mejías “la función de mediadora es la más gratificante porque cuando acercas a las partes es un logro sin ningún pero,… es satisfacción absoluta”. Julia Simón reconoce que ser mediadora le ha venido bien en su propia vida personal, porque aprendo a “no tomarme las cosas a la tremenda”, a saber que siempre hay muchísimas soluciones,  “no tienes porque quedarte en el blanco o en el negro”. Como ella misma dice, cuando las cosas se ponen difíciles en una mediación,  “¿para qué te vas a cabrear si estamos condenados a entendernos?”.